
¿Cómo estás?
Yo bien, y te cuento. Me gustan los debates, y se armó uno lindo, a raíz de mi editorial del sábado pasado en Clarín Rural (ver aquí).
El eje del artículo fue el atraso de la cosecha, originado entre otras cosas por el costo de la secada. Y entre otras propuestas, se tiró sobre la mesa la idea de volver a aquellos tiempos de la cosecha de la espiga completa y almacenarla en trojas. Allí, el maíz se secaba naturalmente. Voy a echar un poco más de leña al fuego…
Durante décadas, la cosecha de maíz siguió dos caminos casi excluyentes: picar la planta entera para ensilarla o esperar la madurez y recoger solamente el grano. Pero entre ambos extremos existe una tercera plataforma, la cosecha de la espiga completa, que abre alternativas interesantes para reducir el costo de secado, producir alimentos ganaderos de distinta concentración energética y aprovechar el marlo como fibra o combustible.
Es una práctica antigua que vuelve a resultar atractiva. Antes de la difusión de las cosechadoras automotrices, gran parte del maíz estadounidense se recogía en mazorcas y se almacenaba en corn cribs, equivalentes a nuestras trojas: estructuras angostas, con paredes permeables, donde el aire circulaba naturalmente. El marlo separaba los granos, facilitaba el paso del aire y permitía conservar maíz con más humedad que en un silo convencional. Todavía hoy, la Universidad de Wisconsin considera almacenables en trojas angostas espigas cuyo grano tenga alrededor de 25% de humedad en las zonas frías y 20% en el Corn Belt central. Con ventilación forzada, Purdue señala que puede recibirse maíz de hasta 30%, aunque el resultado depende del clima.
Esto podría adquirir particular interés en la Argentina, donde el maíz tardío suele llegar al invierno con humedad elevada y el costo de la secada demora la cosecha. Recoger la espiga permitiría entrar antes, reducir pérdidas por vuelco o quebrado y almacenar en trojas modernas, con aireación natural o asistida. Más adelante se desgrana y el marlo queda disponible como combustible. No es un residuo menor: seco tiene un poder calorífico cercano a 18 megajulios por kilogramo, comparable con otras biomasas agrícolas. En instalaciones bien integradas, los marlos pueden aportar toda o buena parte de la energía necesaria para terminar de secar el grano. Varios países de Europa, importante productora de maíz, mantienen sistemas de secado de en espiga alimentados con los propios marlos. Desde el este de Francia, Rumania, Serbia. También en Canadá lo hace Ferme Maxiel, que armó un negocio de maíz secado natural y marlos molidos en distintas granulometrías.
Pero la mayor ventaja de cosechar la espiga es la flexibilidad. Si el destino es ganadero, puede picarse y ensilarse como earlage o snaplage. La terminología varía regionalmente: en Estados Unidos suele llamarse earlage al material obtenido con una cosechadora adaptada, que reúne grano y buena parte del marlo; el snaplage se produce colocando un cabezal maicero —snapper head— sobre una picadora de forraje y contiene grano, marlo, chalas y una pequeña proporción de pedúnculo. Ambos se cosechan normalmente cuando el grano tiene entre 30 y 35% de humedad y deben molerse suficientemente para quebrar todos los granos y reducir el tamaño de los marlos.
Es un alimento intermedio entre el silaje de planta entera y el grano húmedo. Según la Universidad de Nebraska, el silaje común contiene aproximadamente 40 a 50% de grano sobre materia seca; el earlage o snaplage, entre 70 y 80%. Su concentración energética es, por lo tanto, mayor que la del silaje de planta entera, aunque menor que la del grano húmedo. A cambio, el marlo y las chalas aportan fibra efectiva y permiten formular dietas de feedlot con menos necesidad de rollos u otras fuentes de fibra.
Para los tambos, el silaje de planta entera continúa siendo difícil de reemplazar cuando se necesita volumen de forraje y fibra digestible. Se cosecha con cerca de 65% de humedad y ofrece más toneladas por hectárea, pero también incorpora tallos y hojas cuya calidad cae rápidamente al madurar, salvo que se empleen híbridos BMR /nervadura marrón, que están también disponibles en la Argentina y los usan los tambos más eficientes. La mitad de la materia seca de un lote a ensilar proviene de la planta, así que se trata de un tema a considerar, sobre todo cuando el rodeo tiene un alto mérito genético.
El snaplage permite esperar más, concentrar almidón y reducir la cantidad de material voluminoso que debe transportarse, compactarse y conservarse. Puede ser especialmente útil en rodeos de alta producción, acompañado por silajes de pasturas u otras fuentes de fibra larga.
En los feedlots, el earlage funciona como concentrado y fibra en un mismo producto. Se cosecha antes que el grano seco, evita la secada y produce más toneladas que el grano húmedo solo. Sin embargo, el marlo posee apenas alrededor del 23% del valor energético del grano; incorporar demasiado diluye la dieta y puede reducir la ganancia diaria. Por eso importan la regulación del cabezal, el procesado y el análisis posterior. El silo de grano húmedo, sin marlos, ofrece la máxima concentración energética y una alta digestibilidad del almidón, pero exige agregar fibra por otra vía y pierde la ventaja de capturar biomasa adicional.
La cosecha de espigas no propone entonces un único producto, sino una plataforma de decisiones. La misma hectárea puede terminar como grano seco con energía renovable propia, grano húmedo, earlage, snaplage o CCM. Frente al costo argentino del gas, la necesidad de anticipar la cosecha y la expansión de los sistemas ganaderos intensivos, quizá sea el momento de volver a mirar la mazorca completa. No como regreso a la vieja troja, sino como materia prima de una nueva bioeconomía.

