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A mí me parece… La gestión local y el valor de la experiencia

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Por qué los intendentes no son «políticos de carrera» tradicionales

La reciente subasta del Casino de Necochea marca, sin dudas, un antes y un después en la administración del intendente Arturo Rojas.

Es un punto de quiebre que obliga a mirar hacia el futuro de la gestión local. En este escenario, el próximo paso clave queda en manos de la Legislatura bonaerense: es momento de que se vote la derogación de la ley que limita las reelecciones (impulsada en su momento por Vidal y Massa) y se devuelva al ciudadano el poder soberano de decidir, con su voto, si un intendente debe continuar o no.

Es un error equiparar la figura de un jefe comunal con la de un gobernador, un diputado o un presidente. La naturaleza de su rol es completamente distinta.

Si bien ejercen la política para llevar adelante su gestión, la función de los intendentes es primordialmente administrativa y de cercanía.

Un intendente es, ante todo, un vecino que asume un cargo jerárquico delegado por sus propios conciudadanos. Sus responsabilidades son directas y cotidianas.

En el ámbito municipal, donde los recursos suelen ser extremadamente limitados, la improvisación cuesta cara: se necesitan personas con un profundo conocimiento de la «cosa pública».

Ahí es donde la experiencia en la función pública se vuelve un activo indispensable, no un privilegio. Limitar el tiempo de quienes demuestran capacidad administrativa, en un rol tan ligado al día a día de la comunidad, es atarle las manos al propio municipio.

Que sea el vecino, y nadie más, quien juzgue los resultados en las urnas.

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