Solo se actúa ante el 13 % de las grandes fugas de metano detectadas desde el espacio
Las observaciones satelitales permiten identificar con precisión los superemisores de este potente gas de efecto invernadero, pero la respuesta de gobiernos y empresas energéticas sigue siendo drásticamente insuficiente.
NACIONES UNIDAS — La tecnología espacial ha revolucionado la forma en que monitoreamos el cambio climático, pero la acción en la Tierra no avanza al mismo ritmo.
Según un reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), solo en el 13 % de los casos de grandes fugas de metano detectadas por satélite se han tomado medidas efectivas para mitigar o frenar las emisiones.
El metano ($CH_4$) es un gas de efecto invernadero responsable de aproximadamente el 30 % del aumento global de las temperaturas desde la Revolución Industrial.
Aunque permanece menos tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono ($CO_2$), su capacidad para atrapar calor es más de 80 veces mayor en un horizonte de 20 años, lo que convierte la reducción de sus fugas en la vía más rápida y directa para frenar el calentamiento global a corto plazo.
«Tenemos los ojos en el cielo viendo exactamente dónde están las fugas, pero nos falta la voluntad y la rapidez en la Tierra para cerrar los grifos», advierten desde los organismos de control ambiental.
Una alianza estratégica para acelerar la respuesta
Para revertir esta inacción, el PNUMA, a través de su Sistema de Alerta y Respuesta sobre el Metano (MARS), ha unido fuerzas con Bloomberg Philanthropies. Juntos impulsan una nueva estrategia global coordinada con el objetivo de exigir responsabilidad a gobiernos y corporaciones del sector energético.
Ejes principales de la iniciativa:
- Notificación directa y transparente: Utilizar datos de alta resolución provenientes de satélites públicos y privados para enviar alertas tempranas a las empresas y países responsables.
- Presión y rendición de cuentas: Monitorear de forma continua si las fugas notificadas reciben reparación técnica o si son ignoradas.
- Soporte técnico y normativo: Ofrecer asistencia a los gobiernos para que implementen marcos regulatorios estrictos que sancionen las emisiones no controladas.
El sector energético en la mira
La mayoría de estos «superemisores» corresponden a infraestructuras de extracción, transporte y procesamiento de petróleo, gas y carbón. En muchos casos, reparar las fugas requiere intervenciones de mantenimiento relativamente sencillas y de bajo coste que, además, evitarían la pérdida de un producto valioso.
Con la Alianza Mundial sobre el Metano fijando metas para reducir las emisiones en un 30 % para 2030, el PNUMA y Bloomberg Philanthropies recuerdan que no habrá progreso real sin una respuesta obligatoria y acelerada. La tecnología ya ha cumplido su parte al visibilizar el problema; ahora la pelota está en el tejado de las industrias y los reguladores.
