
Sin pensar más allá del propio presente. Sin medir consecuencias. Siendo testigos o partícipes de acciones y palabras violentas. «El futuro no existe (ni importa) si yo no estoy en él». Sin proteger espacios o ideas que contemplen al prójimo. Sin mirar más allá del propio ombligo o bolsillo. Pidiendo y no dando. Gritando, despreciando al que quiere dialogar, consensuar. Buscando el bronce a golpes. Egoístas. Brutos. Embrutecedores.
Salvo pocas excepciones, el mundo está gobernado por ellos.
