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ECOLOGÍA: Lo que está en juego en Copenhague

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La reunión de las partes de la Convención sobre Cambio Climático (COP15) en Copenhague es decisiva. Lo es porque debe definir cuál será el régimen de reducciones de emisiones de gases que afectan al clima a escala global cuando el actual Protocolo de Kioto expire a finales de 2012. Pero la situación es mucho más apremiante aún.

La reunión de las partes de la Convención sobre Cambio Climático (COP15) en Copenhague es decisiva.

Lo es porque debe definir cuál será el régimen de reducciones de emisiones de gases que afectan al clima a escala global cuando el actual Protocolo de Kioto expire a finales de 2012. Pero la situación es mucho más apremiante aún.

Según los organismos científicos que asesoran a la Convención para mantener el aumento de la temperatura dentro de límites “tolerables”, es decir evitar una catástrofe jamás vivida por nuestra civilización debemos en los próximos seis años estabilizar las emisiones globales para luego del 2015 comenzar una veloz disminución de las mismas. Nunca antes los seres humanos enfrentamos un desafío de esta magnitud.

Del resultado de Copenhague se juega si podremos mantenernos dentro de límites que eviten un cambio climático “fuera de control”. Las medidas básicas que deben emerger de esa reunión es una reducción del 40% de las emisiones en el mundo industrializado para el 2020 (respecto a los niveles de 1990) y para los países en desarrollo, una disminución entre el 15 al 30% en el crecimiento de sus emisiones. Aún estamos lejos de un acuerdo así.

Pero no sólo es necesario compromisos de reducción. También es necesario que se dispongan de fondos suficientes para que todos los países puedan transformar sus economías, esencialmente su actividad energética, para cumplir con los anteriores objetivos. La cifra ronda los 140.000 millones de dólares por año hasta el 2020. Esa cifra debe servir para el cambio tecnológico, detener rápidamente la deforestación y permitir que muchos países se adapten a las nuevas condiciones climáticas para las próximas décadas. Nada está acordado aún.

No hay segunda oportunidad.

Cada año venidero es un año vital para producir estos cambios. Todos los países, con responsabilidades diferencias acorde a su contribución al problema, debe realizar este cambio. En este sentido, Argentina, poco está haciendo para ir en la correcta dirección. La decisión de avanzar en el uso a gran escala del carbón para producir electricidad aparece como una política insensata disponiendo de alternativas con mayor potencial energético y de cero emisiones, como es el caso de la eólica.Cada vez conocemos mejor el comportamiento del clima, sabemos cuál es la solución, las tecnologías están disponibles. Sólo falta la voluntad política de hacerlo y no perder más tiempo, tiempo que no podremos luego recuperar. (GREENPEACE ARGENTINA)