Organizaciones ambientalistas e iniciativas internacionales como la alianza Antarctica 2030 impulsan la aprobación de una nueva Área Marina Protegida (AMP) de 456.000 kilómetros cuadrados en la Península Antártica, denominada «Dominio 1».
La propuesta busca resguardar hábitats críticos para pingüinos, focas y ballenas migratorias ante la creciente amenaza del cambio climático y la presión industrial.
Exigen crear una reserva de 456.000 km² en la Antártida para proteger a pingüinos y ballenas
La iniciativa busca blindar las zonas de alimentación y reproducción de la fauna marina ante el avance del cambio climático y la pesca industrial de kril en las costas australes.
El movimiento global Antarctica 2030 y un conjunto de organizaciones de conservación emitieron un firme llamado a los gobiernos del mundo para que aprueben la creación del Área Marina Protegida (AMP) Dominio 1.
La iniciativa contempla resguardar un área de 456.000 kilómetros cuadrados ubicada en la Península Antártica, un ecosistema estratégico de alta biodiversidad y clave para la regulación del clima del planeta.
La propuesta técnica es debatida por los Estados miembros de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) durante sus reuniones anuales en Hobart, Australia.
El objetivo central es establecer restricciones efectivas a la pesca industrial de kril —un pequeño crustáceo que constituye la base de la red alimentaria antártica— en las zonas costeras donde nidifican y se alimentan pingüinos, focas y ballenas migratorias.
Puntos clave de la propuesta de conservación
- Restricción a la pesca de kril: Limitar la captura comercial en áreas costeras vitales para evitar la competencia directa con especies como los pingüinos de Adelia y barbijo durante sus períodos de cría.
- Resguardo de ballenas y focas: Proteger las rutas migratorias y de alimentación de la ballena jorobada, la ballena azul y diversas especies de focas.
- Impacto del cambio climático: La Península Antártica es una de las regiones de calentamiento más acelerado del planeta, por lo que reducir el estrés derivado de las actividades humanas es fundamental para asegurar la resiliencia del ecosistema.
- Meta global 30×30: La designación de este santuario marino es vista como un paso clave hacia el compromiso internacional de proteger al menos el 30% de los océanos para el año 2030.
Científicos y defensores del medio ambiente coinciden en que la ratificación del área marina protegida requiere un consenso diplomático sólido, dado que la explotación industrial en el Océano Austral genera tensiones entre los intereses de conservación y la actividad comercial pesquera de algunas naciones.

