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ECONOMÍA: Tensión en el plan económico

Milei debió negar una devaluación en medio de la presión de acreedores y empresarios

El modelo económico de la administración de Javier Milei atraviesa un momento de creciente tensión. El Gobierno enfrenta un escenario en el que se le exige un flujo cada vez más abultado de divisas para abastecer la demanda privada y hacer frente a los compromisos de deuda externa, una exigencia que pone a prueba la sostenibilidad del esquema oficial.

En este contexto de marcado nerviosismo financiero —que se reflejó en una nueva suba del riesgo país—, el presidente Javier Milei debió salir públicamente a descartar una devaluación durante un discurso pronunciado en Neuquén.

La negativa presidencial se da en sintonía con la resistencia oficial a modificar el ancla cambiaria, pese a que las dudas sobre la escasez de dólares ya no provienen únicamente de economistas o sectores críticos, sino que se han instalado firmemente en los círculos de poder, entre empresarios que reclaman mayor dinamismo en la actividad y acreedores que exigen certezas de cobro.

La propuesta alternativa desde adentro: liberar y tolerar más inflación

A las presiones corporativas y financieras se sumaron voces técnicas disidentes dentro del propio espacio liberal. En las últimas horas, el ex viceministro de Economía Joaquín Cottani cuestionó la estrategia cambiaria y monetaria conducida por Luis Caputo.

Si bien Cottani avala el orden fiscal, la apertura comercial y las reformas estructurales de fondo, advirtió que el esquema actual muestra cortocircuitos en el corto plazo.

Ante la percepción generalizada de que las reservas no alcanzan para sostener la demanda y cumplir con los compromisos, el exfuncionario propuso abandonar el esquema actual de intervención, liberar totalmente el tipo de cambio hasta alcanzar una cotización única determinada estrictamente por la oferta y la demanda, y aceptar de manera transitoria un nivel de inflación mensual de entre el 3% y el 4% con el objetivo de reactivar la economía y recomponer la rentabilidad.

Sin embargo, el equipo económico se mantiene inflexible en su postura de sostener el ancla cambiaria actual. De este modo, se profundiza el debate sobre el futuro del modelo: mientras los mercados y diversos sectores corporativos advierten sobre los límites de las divisas disponibles, el Gobierno ratifica el rumbo y descarta cualquier salto devaluatorio.

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