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ESPAÑA: 51% más de muertes atribuibles al calor

El verano de 2026 deja un 51% más de muertes atribuibles al calor en España y marca un récord histórico en la última década

MADRID — El verano de 2026 pasará a la historia climatológica y sanitaria de España como uno de los más trágicos de los últimos tiempos.

Según los datos oficiales difundidos tras el cierre estival, el periodo comprendido entre los meses de junio y septiembre ha registrado un aumento del 51% en las muertes atribuibles a las altas temperaturas en comparación con el promedio de la última década, estableciendo un nuevo y preocupante récord en los últimos diez años.

Las sucesivas y prolongadas olas de calor que azotaron la península ibérica y los archipiélagos durante los meses estivales pusieron al límite la capacidad de resistencia de la población, afectando especialmente a los colectivos más vulnerables, como las personas mayores y aquellos con patologías crónicas previas.

Claves del balance estival de 2026

  • Un incremento sin precedentes: El exceso de mortalidad superó en más de la mitad los registros habituales de la década previa, evidenciando una tendencia al alza en el impacto de los fenómenos meteorológicos extremos.
  • Intensidad y persistencia: A diferencia de veranos anteriores, las altas temperaturas no solo destacaron por sus picos máximos, sino por su extraordinaria duración, con noches tórridas continuadas que impidieron el descanso y la recuperación fisiológica de los ciudadanos.
  • Vulnerabilidad demográfica: Los expertos sanitarios reiteran que el calor extremo actúa como un factor detonante que agrava enfermedades cardiovasculares y respiratorias, afectando de manera desproporcionada a la población de edad avanzada.

Llamado a la prevención y adaptación climática

Ante este balance desolador, la comunidad científica y las autoridades sanitarias insisten en la urgencia de acelerar los planes de adaptación al cambio climático. Entre las medidas prioritarias señaladas por los expertos destacan:

  1. Refuerzo de los protocolos de alerta temprana para proteger a los sectores de la población en situación de riesgo.
  2. Transformación urbanística de las ciudades, incrementando las zonas verdes, la vegetación y los espacios de sombra para mitigar el efecto de «isla de calor urbana».
  3. Concienciación ciudadana continuada sobre los riesgos asociados a la exposición prolongada al sol y las temperaturas extremas, más allá de los meses centrales del verano.

Este nuevo récord pone de manifiesto que el impacto del cambio climático en la salud pública española ya no es una proyección futura, sino una crisis sanitaria presente que exige respuestas estructurales inmediatas.

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