Agro

AGRO: Brasil encara el etanol de arroz y trigo

Héctor Huergo
Héctor Huergo (Clarín)

¿Cómo estás?

Yo bien, tratando de mirar toda la cancha. En estos días, siguiendo lo que está pasando con las elecciones de Brasil, anduve navegando por las vecindades. Estoy profundamente impactado. Alerta.

La paradoja agrícola de Rio Grande do Sul está crujiendo en sus propios cimientos. El estado que alimenta a buena parte de Brasil con sus cosechas récord padece, al mismo tiempo, una histórica condena comercial originada en su propia abundancia y en su clima desafiante. Veamos.

Por un lado, las cerca de 900.000 hectáreas de arroz “gaúcho” generan sistemáticamente excedentes de grano común de mesa que saturan el mercado y deprimen los precios regionales. Argentina y Uruguay lo padecen.Por el otro, el trigo, gran bastión de los cultivos de invierno, queda expuesto con frecuencia a los excesos de lluvias tardías previos a la cosecha, dando como resultado partidas con bajo peso hectolítrico y escasa calidad panadera que la industria molinera rechaza o paga a valores de quebranto.Frente a este cuello de botella, el sector agroindustrial del sur brasileño ha encontrado una válvula de escape revolucionaria en la producción de etanol a base de almidón y cereales, configurando una tercera ola de biocombustibles que ya no depende de la caña de azúcar de San Pablo ni del maíz del Centro-Oeste.Esta transformación, impulsada con vehemencia por cooperativas, productores y compañías del sector bioenergético, ataca de raíz la vulnerabilidad comercial de ambos cultivos modificando la matriz de consumo del estado, que hasta hace poco importaba el 98% del etanol que queman sus motores.La punta de lanza de este cambio en los cereales de invierno es una realidad consolidada en el municipio de Santiago a través de la empresa CB Bioenergia, que puso en marcha la primera planta de etanol de trigo de Brasil con una inversión de 100 millones de reales. Esta unidad industrial procesa unas 100 toneladas diarias de biomasa, apuntando a una producción inicial de 12 millones de litros de etanol hidratado al año. Para los trigueros locales, la planta funciona como un reaseguro de comercialización implacable: el trigo brotado o de baja calidad panadera, en lugar de malvenderse como forraje barato, rinde unos 400 litros de etanol por tonelada.Para que esta maquinaria ruede con fluidez financiera, el marco político estatal ha resultado decisivo mediante la reglamentación de la Política Estadual de Estímulo a la Producción de Etanol, conocida como el programa Pró-Etanol/RS. Esta normativa estructuró un agresivo esquema de incentivos fiscales centrado en el Impuesto sobre la Circulación de Mercancías y Servicios (ICMS), otorgando reducciones sustanciales en la base de cálculo y esquemas de diferimiento impositivo para las plantas que procesen materias primas agrícolas locales.El círculo virtuoso de esta industria se completa tranqueras adentro de los establecimientos ganaderos de la Frontera Oeste. Al remover únicamente el almidón durante la fermentación, el proceso destila un residuo seco o húmedo (DDGS o WDGS) que concentra el triple de proteínas, fibras y grasas presentes en el grano original. En las cuencas lecheras y ganaderas de la región de la Campanha, este insumo está sustituyendo de forma masiva a la harina de soja. Los nutricionistas están incluyendo los granos de destilería en proporciones de hasta el 30% de la materia seca de la ración.El frente arrocero no se queda atrás y promete cambiar las reglas del juego. Tras años de investigación, la Embrapa revolucionó el tablero genético con el lanzamiento de la variedad BRS AG, conocida popularmente como el «arroz gigante»: duplica el tamaño del grano tradicional. Diseñado exclusivamente para fines industriales y con un contenido de almidón extraordinario, este cultivo no compite en las góndolas de los supermercados pero ofrece un rendimiento de 430 litros de etanol por tonelada.El interés de entidades como la Cooperativa Agroindustrial Alegrete LTDA (CAAL) y la Associação dos Arrozeiros de Alegrete radica en la capacidad de este grano para diversificar los sistemas productivos rotando con la soja, saneando campos infestados de malezas y actuando como un regulador de la oferta que evita la caída de los precios del arroz de mesa. La escala de esta apuesta arrocera ya tiene coordenadas físicas en el proyecto que la firma Vinema Biorefinarias do Sul levanta en Charqueadas, cerca de Porto Alegre. Con el aval del Instituto Rio Grandense do Arroz (Irga), esta biorrefinería procesará arroz gaúcho junto con sorgo y triticale para producir la descomunal cifra de 635 millones de litros de etanol al año, volumen equivalente al 60% del consumo de todo el estado.La proyección industrial va más allá del combustible vehicular ordinario, apuntando a la obtención de hidrógeno verde y combustible sostenible de aviación (SAF) para abastecer a la masiva flota de aviones agrícolas de la región. De esta manera, el arroz y el trigo de Rio Grande do Sul rompen su dependencia histórica del mercado alimenticio tradicional y se consolidan como materias primas energéticas capaces de blindar la rentabilidad del productor frente a las crisis comerciales y climáticas.Esta formidable transformación en el corazón de Rio Grande do Sul enciende alertas inmediatas del otro lado de la frontera, planteando un escenario de profunda relevancia para la Argentina. Históricamente, nuestro país ha sido el principal proveedor de trigo de Brasil y un jugador clave en el mercado regional del arroz.Por eso, este despliegue bioenergético gaúcho encierra tanto una amenaza como una oportunidad que bajo ningún concepto podemos ignorar. No maten al mensajero: el que avisa no traiciona.Argentina cuenta con un ecosistema bioindustrial maduro en maíz y soja, pero tiene una deuda pendiente en la diversificación regional de sus dos cultivos blancos. Frecuentemente tenemos millones de toneladas de trigo de menor calidad que deprimen el mercado y se venden como forrajero; montar mini-destilerías en esos nodos transformaría el descarte en combustible local y proteína de altísima calidad para los feedlots de la región.Asimismo, la cuenca arrocera de Corrientes y Entre Ríos —que convive crónicamente con altos costos logísticos para llegar a los puertos de exportación— podría encontrar en variedades industriales de alto almidón o en el arroz quebrado una salida rentable para abastecer de etanol al transporte regional y proveer de WDGS fresco a la fuerte ganadería del NEA. Atender este llamado no es opcional: el vecino ya aceleró, y la biomasa argentina tiene un espejo donde mirarse

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