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ZONA FRÍA: Tensión en el oficialismo. No se aprobaría

Patricia Bullrich boicotea la ley de «zonas frías» y escala la interna contra Toto Caputo en el Senado

La jefa del bloque libertario desatiende la votación de la ley que promueve el Ejecutivo para recortar subsidios gasíferos y busca reunir dos tercios para modificar la reforma del Banco Central, debilitando el blindaje a Santiago Bausili. Ante el caos legislativo, Karina Milei convocó de urgencia a los senadores.

La tensión en la cúpula del Gobierno sumó un nuevo capítulo de alta intensidad. La senadora Patricia Bullrich se encuentra abocada a una ofensiva política que impacta de forma directa sobre la estrategia del ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, y genera fuerte malestar en la Casa Rosada.

La exministra de Seguridad mantiene congelada la negociación por la ley de «zonas frías» —clave para el programa fiscal del Ejecutivo— al tiempo que teje alianzas en la Cámara Alta para alterar la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (BCRA).

El primer foco de conflicto radica en el tratamiento del proyecto para recortar los beneficios a la tarifa de gas en las denominadas «zonas frías», amplia cobertura aprobada en 2021 a instancias de Máximo Kirchner y que el Gobierno busca retrotraer para limitar el subsidio a la Patagonia, Puna y Malargüe.

La iniciativa, que ya cuenta con media sanción de Diputados, requería del consenso articulado por el jefe de Gabinete, Diego Santilli, con los gobernadores del Norte, quienes exigían compensaciones para las zonas cálidas a cambio del voto de sus legisladores.

Sin embargo, ante la falta de gestión de la jefa de la bancada oficialista, la votación prevista para este jueves quedó al borde del colapso.

«Yo no estoy juntando los votos y si vemos que se cae, no la tratamos», habría admitido Bullrich frente a sus pares, mostrando una actitud indolente que indignó a los mandatarios provinciales y sirvió de coartada para los legisladores indecisos.

Senadores radicales como Rodolfo Suárez y Mariana Juri (Mendoza), junto a María Victoria Huala y Daniel Kroneberger (La Pampa), mantienen su reticencia a acompañar el recorte.

Esta paralización fue aprovechada por la oposición: el peronismo, bajo la coordinación de Wado De Pedro y el interbloque de José Mayans, opera para tumbar la norma, sumando además la presión de un dictamen de «zona polar» impulsado por los santacruceños José María Carambia y Natalia Gadano.

Maniobra por el Banco Central

A la pasividad con las zonas frías se suma una jugada táctica que altera los planes de la mesa económica. Bullrich busca reunir dos tercios de los votos en el Senado para introducir modificaciones al proyecto de Reforma de la Carta Orgánica del BCRA.

La maniobra apunta a modificar el artículo que exige dos tercios del Congreso para remover al presidente de la entidad monetaria —diseñado para blindar a Santiago Bausili— y establecer que la remoción pueda concretarse con mayoría absoluta, replicando el esquema del Banco Central de Perú.

Fuentes parlamentarias confirman que la senadora se encuentra cerca de alcanzar las 47 voluntades necesarias (dos tercios sobre un cuerpo de 71 integrantes, dada la licencia de Anabel Fernández Sagasti).

Para lograrlo, suma a su bloque de 44 (libertarios, radicales aliados y provinciales) los 3 votos de Convicción Federal (Carolina Moisés, Guillermo Andrada y Sandra Mendoza).

De consolidar ese número, blindaría la redacción del Senado e impondría un severo condicionamiento a la Cámara de Diputados, obligando al titular del cuerpo, Martín Menem, a reunir también dos tercios si pretendiera insistir con el texto original del Gobierno.

La intervención de Karina Milei

El descontrol en la agenda legislativa y las constantes fricciones con el equipo económico forzaron la reacción del círculo íntimo presidencial.

La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, decidió intervenir de manera directa sobre la conducción de Bullrich y convocó a los senadores a una cena de emergencia este miércoles por la noche en la Casa Rosada.

Desde el entorno oficial se limitaron a calificar el encuentro como una reunión de «agenda legislativa», en un intento por contener los daños y reordenar una bancada que amenaza con desarticular la estrategia económica del Gobierno.

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