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ANÁLISIS: Mitos y mentiras del periodismo. Parte I

El espejismo del subsidio: la gran mentira que nos enseñaron a pagar

En los últimos años, el periodismo ha actuado como vocero de distintos sectores de poder para desinformar y favorecer tendencias que terminan asfixiando a la ciudadanía.

Con este análisis iniciamos una serie de escritos destinados a desmenuzar los mitos y mentiras que se han instalado con fuerza a lo largo de los años, tanto en Necochea como en todo el país.

Hoy es momento de profundizar sobre una de las falacias mejor construidas y más exitosas: el costo de las tarifas de luz y gas.

A fuerza de repetición y titulares tendenciosos, cierto sector del periodismo logró que los propios ciudadanos sintieran una especie de culpa social, convenciéndolos de que pagaban tarifas «injustamente bajas» y que era indispensable aceptar tarifazos desmedidos acompañados por la quita total de subsidios.

Nos hicieron creer que las empresas prestadoras trabajaban a pérdida y que el usuario vivía de un regalo estatal insostenible.

Esa premisa es una falsedad absoluta.

Es una falacia afirmar que las empresas distribuidoras y generadoras de servicios no percibían la tarifa plena durante los períodos de subsidio.

Lo que ocurre cuando existe un esquema de subsidios —mecanismo utilizado de manera habitual en el primer mundo y en casi todas las economías desarrolladas— es muy simple: el consumidor abona en forma directa una parte de la tarifa final en su factura, mientras que el porcentaje restante lo paga de forma indirecta a través del Estado, que le transfiere el dinero correspondiente a la compañía.

En ambos escenarios, la empresa cobra el 100% de la tarifa, y en ambos escenarios ese dinero sale del bolsillo del ciudadano, ya sea mediante el pago del servicio o a través de sus impuestos.

La diferencia radical radica en que, cuando existe el subsidio, ese porcentaje aportado por el Estado permanece en el bolsillo de las familias, redistribuyéndose en el comercio local, la alimentación, la salud y el consumo interno.

Las empresas concesionarias jamás dejaron de percibir la tarifa completa.

Nadie con un mínimo de sentido común puede creer que multinacionales y grandes grupos económicos se quedarían en el país año tras año si realmente operaran con pérdidas.

El periodismo que repite este mito no informa: justifica el saqueo al bolsillo popular y encubre la rentabilidad extraordinaria de unos pocos a costa del bienestar de la mayoría.

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