Luchar contra el cambio climático no arruina la economía
Una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) demuestra que la inversión en adaptación climática es compatible con la estabilidad fiscal, siempre que existan instituciones sólidas y una gestión eficiente de la deuda.
Durante décadas, el debate económico ha estado dominado por una sombra de duda: ¿puede un país costear la transición ecológica sin quebrar sus cuentas públicas?
Un reciente estudio liderado por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) parece haber encontrado la respuesta definitiva.
Tras analizar datos de 172 países entre 1995 y 2020, los investigadores concluyen que no existe un conflicto inherente entre la sostenibilidad ambiental y la solidez financiera.
La clave no es cuánto se debe, sino cuánto cuesta
El hallazgo más disruptivo del estudio rompe con la visión tradicional de la deuda pública. Según la investigación, el riesgo económico no reside en el volumen total de deuda contraída para financiar la adaptación, sino en el coste de los intereses.
«Los países con instituciones sólidas obtienen financiación más barata, lo que permite invertir en el clima sin comprometer el equilibrio fiscal», señala el informe.
Esta distinción es vital: la resiliencia económica no depende de la austeridad climática, sino de la capacidad de los Estados para mantener la confianza de los mercados y acceder a crédito a bajo coste.
Factores que determinan el éxito económico-climático:
- Calidad institucional: Control de la corrupción y estabilidad política.
- Capacidad administrativa: Gestión eficaz de los recursos y regulación clara.
- Coste de la deuda: Acceso a tipos de interés bajos para financiar proyectos de largo plazo.
El coste de la inacción: 143.000 millones al año
El estudio subraya que el verdadero peligro para la economía global no es el gasto en adaptación, sino la pasividad.
Actualmente, los fenómenos meteorológicos extremos ya generan pérdidas estimadas en 143.000 millones de dólares anuales.
Lejos de ser una carga, las inversiones en infraestructuras resilientes, sistemas de salud y transporte sostenible actúan como un motor económico.
El informe sugiere que estas medidas no solo reducen la vulnerabilidad ante desastres, sino que fortalecen las cuentas públicas a largo plazo al evitar gastos de emergencia y fomentar el crecimiento estable.
Un mensaje para el multilateralismo
El estudio advierte que, si bien la convivencia entre clima y economía es posible, requiere de un marco de cooperación internacional.
En un entorno de deuda creciente, la falta de coordinación podría derivar en crisis de impago en los países más vulnerables.
La solución propuesta pasa por reforzar las redes de seguridad financiera global y mejorar la calidad institucional para que la inversión verde deje de verse como un riesgo y empiece a entenderse como lo que es: una oportunidad estratégica para la estabilidad mundial.
En resumen: El estudio redefine la relación entre el planeta y el bolsillo. Ya no se trata de elegir entre economía o sostenibilidad; el verdadero desafío es diseñar sistemas institucionales capaces de gestionar ambos objetivos en una estrategia coherente y de largo plazo.
