Castelli, Locales, Política, Principales

Editorial: La mala fe disfrazada de honestidad

Sharing is caring!

Horacio Castelli

La política local suele regalarnos actos de un histrionismo asombroso, pero pocos tan transparentes en su intención de obstruir como el que acaba de protagonizar la ingeniera hidráulica y ambientalista —curiosamente selectiva en su activismo— Susana Laborde.

A escasos días de que se lleve a cabo la subasta del Casino de Necochea, Laborde ha decidido judicializar el proceso. El problema no es el derecho a peticionar ante la justicia, sino el cronograma del oportunismo. Esta decisión del ejecutivo municipal, encabezado por Arturo Rojas, no fue un secreto guardado bajo llave; se conoce públicamente hace más de un mes y los lineamientos generales se discuten desde hace tiempo.

El reloj de la conveniencia

Si el objetivo real de la ingeniera fuera «transparentar» las decisiones políticas o proteger el patrimonio público, la presentación judicial habría ocurrido en el minuto uno del anuncio. Sin embargo, se eligió el silencio durante semanas para golpear justo cuando el reloj está por marcar la hora cero.

Esta demora no es negligencia profesional; es mala fe evidente. Se busca, lisa y llanamente, entorpecer una acción de gobierno mediante el factor sorpresa y la presión judicial de último momento.

Protagonismo a cualquier costo

La actitud de Laborde destila un oportunismo político que prioriza el brillo personal y la relevancia en los titulares por sobre el bienestar de la sociedad que dice defender. Resulta llamativo ver cómo su férreo ambientalismo parece entrar en pausa en lugares como San Cayetano, pero se activa con una precisión quirúrgica para frenar proyectos en Necochea.

Lamentablemente, estas acciones no solo afectan una gestión municipal, sino que terminan perjudicando a la comunidad entera, al dilatar soluciones y ahuyentar la previsibilidad que la ciudad necesita.

Usar la transparencia como escudo para esconder palos en la rueda es una estrategia vieja y agotada. La comunidad merece honestidad intelectual, no maniobras de distracción disfrazadas de civismo. Una actitud, por donde se la mire, lamentable.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *