Un ecocidio anunciado ante la desidia estatal
Las llamas no dan tregua en los Bosques Andino Patagónicos. Mientras miles de hectáreas se convierten en cenizas, la falta de recursos, la ausencia de prevención y la parálisis política dejan al descubierto un Estado que llega tarde o, simplemente, no llega.
La magnitud del desastre es difícil de procesar. Según datos oficiales preliminares, más de 64.000 hectáreas de bosques nativos, plantaciones, pastizales y viviendas han sido arrasadas por el fuego.
Para dimensionar la tragedia: la superficie afectada equivale a más de tres veces el tamaño de la Ciudad de Buenos Aires.
Lugares emblemáticos como el Parque Nacional Los Alerces, Puerto Patriada, El Hoyo, Epuyén, El Turbio y el Parque Nacional Los Glaciares —joyas de biodiversidad y lagos cristalinos— son hoy postales de desolación y humo. Expertos advierten que el daño es profundo: los bosques milenarios perdidos podrían tardar más de 200 años en recuperarse.
Un diagnóstico de abandono
Lo que vive el sur argentino no es un accidente, sino un ecocidio anunciado. A pesar de las advertencias enviadas a gobernadores y autoridades nacionales en septiembre pasado, y de las denuncias por el desfinanciamiento de las Leyes de Bosques y de Manejo del Fuego en octubre, la respuesta oficial fue la inacción.
Recientemente, el Gobierno declaró la Emergencia Ígnea mediante un decreto. Sin embargo, la medida es criticada por ser tardía y, fundamentalmente, por carecer de fondos específicos para combatir una catástrofe de esta escala.
«El fuego avanza más rápido que las decisiones políticas. La crisis climática ya está acá y no pide permiso, pero se sigue mirando para otro lado», denuncian organizaciones ambientales.
Los héroes sin recursos
En la primera línea de fuego, la situación es crítica. Actualmente, solo existen 400 brigadistas a nivel nacional, una cifra alarmante frente al mínimo necesario de 700 profesionales.
Estos trabajadores no solo enfrentan las llamas con equipamiento limitado, sino que cargan con un desgaste físico y emocional extremo ante la falta de refuerzos.
El reclamo: Acciones, no decretos
La sociedad civil y expertos exigen un cambio de rumbo inmediato que incluya:
- Infraestructura: Más aviones hidrantes y equipamiento de última tecnología.
- Personal: Incorporación urgente de brigadistas y mejora de sus condiciones laborales.
- Gestión Ambiental: Frenar la expansión descontrolada de pinos exóticos y fortalecer la educación ambiental.
- Justicia: Controles estrictos y sanciones reales para los responsables, junto a una protección efectiva de los suelos para evitar la especulación inmobiliaria post-incendio.
La naturaleza no merece este destino; los ciudadanos tampoco. La protección de nuestro patrimonio natural requiere decisión política hoy, porque mañana será, literalmente, ceniza.
