
El relato de la asfixia y la verdad de los números
El ministro de Economía, Luis Caputo, ha emprendido una cruzada dialéctica contra los municipios, señalándolos como los responsables de la voracidad fiscal que asfixia a los argentinos.
Sin embargo, el relato de la «insubordinación fiscal» municipal se estrella de frente contra la realidad estadística. Un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), publicado en esta misma edición, arroja luz sobre una verdad que incluso las entidades agropecuarias afines al oficialismo prefieren omitir.

La desproporción del castigo
Los números son elocuentes y desarticulan la narrativa oficial con una frialdad quirúrgica. Según el estudio de FADA, el peso de los impuestos municipales en la estructura de costos apenas alcanza el 1,1%.
En la vereda opuesta, la presión ejercida por el Gobierno Nacional es la que verdaderamente dobla la espalda del productor y del ciudadano, concentrando más del 62% de la carga tributaria total.
Es una maniobra de distracción política: señalar la paja en el ojo ajeno —el ínfimo 1,1% local— para ocultar la viga en el propio —el descomunal 62% central—.
El ajuste sobre el ajuste
No conforme con el deterioro económico que las políticas nacionales han provocado en las arcas locales, la administración de Javier Milei y Luis Caputo intenta ahora profundizar el desfinanciamiento de los municipios.
Bajo la bandera de una supuesta libertad económica, se busca restar recursos esenciales a los distritos que, en la práctica, son la primera línea de contención social y prestación de servicios básicos.
Resulta paradójico —y ciertamente cínico— que el Ejecutivo Nacional denuncie las tasas municipales mientras retiene fondos coparticipables, elimina subsidios al transporte y recorta partidas de asistencia directa. El objetivo parece claro: asfixiar financieramente a los intendentes para luego señalarlos como administradores ineficientes.
La complicidad del silencio
Llama la atención el silencio de las cúpulas de las entidades agropecuarias. Aquellas que históricamente han levantado las banderas contra la presión impositiva hoy parecen haber perdido la voz ante el 62% nacional, centrando sus críticas en el eslabón más débil de la cadena federal.
La mentira de Caputo no es solo un error de cálculo; es una estrategia política deliberada. Al demonizar los tributos locales, el Gobierno intenta desviar la atención de un esquema fiscal nacional que sigue siendo regresivo, extractivo y centralista.
La verdad, documentada por FADA, es inapelable: la verdadera asfixia no viene de las municipalidades, sino de los despachos de la Capital Federal.
