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AGRO: Un sonoro puñetazo en la mesa

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Héctor Huergo (Clarín)

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Yo, con las baterías a full, tras la imponente Expoagro, que celebró su vigésima edición la semana pasada. Muchísima tela para cortar. Tenemos tema para rato.

Pero hoy quiero hacer centro en dos aspectos esenciales, sobre los que quisiera dar un par de vueltas de tuerca: ganadería y “agricultura regenerativa”. Porque a veces, lo esencial es invisible a los ojos. Veamos.

El momentum de la ganadería de carne es excepcional. Lo que sucedió en los remates, con volúmenes de ventas y precios jamás soñados, fue apenas la punta del iceberg. Por debajo hay un gigante sumergido que estremece, diría Zitarrosa. Es la nueva base tecnológica, que se expresó a pleno en la muestra. En particular, en los equipos para cosechar forrajes, con lo mejor del mundo en materia de picadoras automotrices (Claas, John Deere, New Holland), pero también de rotoenfardadoras, un revival potente del sistema de henolaje en minisilos (Yomel). Palas cargadoras, mixers de todo tipo y tamaño, acoplados para manejo del estiércol (Akron), equipos de compostaje.

Y ahora la intersiembra de verdeos con drones, además de la Altina, donde se combina la idea de los cultivos de servicio con el aprovechamiento forrajero. Muy tentador con el nuevo panorama de la ganadería, donde el “siempre verde” encuentra una vía de monetización. Mientras se consolida el avance de la frontera ganadera de la mano de pasturas subtropicales, que con lo que está lloviendo en el norte genera una masa forrajera exhuberante. Enormes excedentes para cosechar en tiempo y forma y diferir el consumo. Panorama fenomenal, sobre todo para “darle kilos” a las recrías, el camino más directo para aumentar la producción mientras esperamos un incremento del stock de vientres, que ya empezó pero llevará tiempo.

La base está, diría el Bambino Veira. El entusiasmo también, aún con muchas dudas sobre la persistencia de la bonanza. Tranquilos: todo indica que estamos frente a una onda larga, con la demanda muy activa en todo el mundo y la oferta que solo puede crecer en el Mercosur. Aquí ya empezamos.

Pasemos al otro gran tema: la “agricultura regenerativa”. Las grandes compañías internacionales del comercio agrícola se pusieron al hombro este nuevo paradigma. Confieso que no me gusta el concepto, porque denota que algo habríamos hecho mal y hay que arreglar un desaguisado. En realidad, la cosa viene de afuera, donde la agricultura está bajo escrutinio público por su indiscutible impacto ambiental. La realidad es que aquí hace años que venimos haciendo punta en una nueva forma de hacer las cosas. En primer lugar, la siembra directa, que impregna toda la expo. Y todos los atributos de la “agricultura liviana”. Pero había que dar más puñetazos en la mesa.

Uno muy fuerte fue el que se vivió en el stand de Bunge, en su primera aparición pública tras la combinación de negocios con otro gigante global, Viterra. La compañía organizó un panel junto a PepsiCo —que ya cuenta con la certificación Bunge Pro-S en el aceite que utiliza para frituras— en el cual se presentó el Programa de Agricultura Regenerativa, destinado a promover la certificación de la mercadería que ofrece a sus clientes.

“La agricultura regenerativa tiene como objetivo mejorar los recursos, contando con menos momentos de barbecho y usando puentes verdes que logren mayor fijación de carbono, explicó Jorge Bassi, gerente de Marketing y Nuevos Negocios de Bunge.

Por su parte, Vladimir Barisic, Country Manager de Bunge, aprovechó para presentarse como el nuevo Country Manager de Bunge para Argentina y presentar la visión estratégica de la nueva compañía combinada. Y Francisco García Mansilla, director Commercial y de Planeamiento Estratégico, sostuvo que “hoy el verdadero cambio en las cadenas productivas es la transparencia. Los consumidores empiezan a exigir saber de dónde viene y cómo se produce lo que compran. Argentina tiene una gran oportunidad para construir esa trazabilidad, y Bunge tiene herramientas digitales disponibles para esto”.

Bunge no está sola. Todos los grandes traders tienen programas de agricultura regenerativa. Durante más de un siglo, el negocio agrícola se organizó alrededor de una lógica simple: producir granos, transportarlos y procesarlos. Pero en los últimos cinco años comenzó a emerger un nuevo producto agrícola invisible: la huella de carbono del proceso de producción, procesamiento y transporte. Y se suma el carbono capturado en los suelos. Archer Daniels Midland, con su programa “Regenerations” lanzado en los Estados Unidos, Cargill, Bunge Global SA, LDC (Dreyfus) y las proveedoras de tecnología (Bayer, Corteva), están desplegando programas destinados a medir y monetizar el carbono. El mercado de carbono está madurando.

Detrás de estos programas hay una presión creciente de las grandes marcas globales de alimentos. Empresas como Nestlé, PepsiCo o Unilever anunciaron objetivos de neutralidad climática hacia 2040 o 2050. En el agro existe la posibilidad de reducir emisiones, capturar carbono atmosférico y almacenarlo en el suelo. Diversos estudios estiman que los suelos agrícolas del mundo podrían capturar entre 2 y 5 gigatoneladas de CO₂ por año, una cifra comparable con una parte significativa de las emisiones globales del sistema energético.

Aquí ya empezamos. Expoagro se lo mostró al mundo, con un sonoro golpe en la mesa global.

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