Una advertencia sobre el avance narco y la fragilidad institucional
El reciente asalto armado al Juzgado de Garantías N.° 5 de San Martín no es un episodio aislado. Representa un síntoma del desborde de la violencia criminal que busca condicionar al Poder Judicial y exige una respuesta estatal coordinada que supere el mero repudio formal.
Un mensaje directo al corazón del sistema
Lo ocurrido en San Martín ha dejado de ser una crónica policial para convertirse en una crisis de gravedad institucional.
El ingreso de un grupo armado y las amenazas de muerte directas contra un magistrado constituyen un intento explícito de las organizaciones criminales por marcar territorio dentro del Palacio de Justicia.
Como bien señaló el juez afectado, este ataque excede su integridad personal: es un desafío a la capacidad del Estado para garantizar la ley.
La pregunta que flota en el aire es inevitable: ¿Está el Estado realmente preparado para contener mercados ilegales que ya muestran signos de desborde territorial?
La independencia judicial bajo fuego
En contextos de criminalidad organizada, la independencia judicial deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una cuestión de recursos materiales.
No basta con la voluntad de jueces y fiscales; se requieren condiciones de seguridad que permitan ejercer el poder penal sin que la impunidad sea garantizada por el miedo.
«Limitar la respuesta al esclarecimiento del hecho es tratar un problema estructural como un evento aislado.»
La violencia que hoy golpea las puertas de un tribunal es la misma que, día a día, azota a los barrios populares de San Martín.
Las balaceras, extorsiones y el control territorial de las bandas narco han naturalizado el miedo en la vida cotidiana de miles de vecinos.
Cuando esa dinámica alcanza a las instituciones, el círculo vicioso de la violencia se cierra, erosionando los cimientos del sistema democrático.
El mapa de responsabilidades: hacia una acción conjunta
Para frenar esta escalada, el análisis del sector apunta a una coordinación real y no a fotos mediáticas. Se requiere una articulación jerarquizada donde cada nivel asuma su rol:
- Municipios: Aporte de información territorial y articulación comunitaria.
- Gobierno Provincial: Conducción de una política de seguridad basada en diagnósticos reales, no reactivos.
- Ministerio Público y Procuración: Persecución penal estratégica dirigida al mercado criminal, no solo al último eslabón.
- Autoridades Federales: Intervención necesaria ante delitos que, por su escala, exceden las fronteras provinciales.
El espejo de Rosario y el costo de la inacción
La experiencia nacional es pedagógica y trágica a la vez. El caso de Rosario demuestra que, cuando el Estado no interviene a tiempo, las escaladas de violencia se vuelven progresivas y, eventualmente, irreversibles.
El ataque en San Martín es una advertencia final. El volumen de información y análisis criminal existe; lo que falta es la decisión política de superar las disputas partidarias para evitar que el costo de la desidia se siga pagando con vidas inocentes. Ignorar este síntoma es condenar al sistema judicial a la irrelevancia y a la sociedad a la ley de la selva.
