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El «todo o nada» de los libertarios terminó en «nada»

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Crisis política y fiscal tras la derrota del Presupuesto

La estrategia de «genialidad» táctica de Caputo y Menem colapsó en Diputados. Al intentar forzar un ajuste a libro cerrado, el Gobierno perdió la votación, dinamitó sus alianzas con los sectores dialoguistas y quedó preso de un déficit que contradice su propia narrativa.

Por Redacción

Lo que en los despachos de la Casa Rosada se craneó como una jugada maestra de ajedrez político, terminó siendo una encerrona infantil.

La lógica del «todo o nada» impuesta por el ministro de Economía, Toto Caputo, y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, fracasó estrepitosamente, dejando al gobierno de Javier Milei con un Presupuesto de alto déficit y una debilidad institucional expuesta ante los mercados y el FMI.

La trampa del Capítulo 11

La estrategia consistía en concentrar en el Capítulo 11 todos los recortes sensibles: universidades, el Hospital Garrahan, discapacidad y zonas frías, atándolos a beneficios clave para las provincias.

El diseño era binario: si los gobernadores querían los fondos para sus cajas jubilatorias, debían votar el ajuste masivo.

Para blindar la jugada, Menem impuso que el Presupuesto se votara por capítulos completos. Sin posibilidad de matices.

Sin embargo, la «mala praxis» política —como la definen hoy incluso sectores cercanos— provocó el efecto contrario.

Al no permitir un trámite habitual donde se pudieran salvar artículos específicos, el oficialismo se quedó con las manos vacías.

Traiciones y el «raid» de seducción fallido

En las horas previas, Diego Santilli y Lule Menem intentaron sellar un acuerdo de último minuto con el peronismo del norte, ofreciendo incluso vacantes en la Auditoría General de la Nación (AGN).

El resultado fue una humillación política: los peronistas se votaron los cargos en la AGN y, acto seguido, rechazaron el Capítulo 11 del Presupuesto.

En el camino, el Gobierno cometió un error que podría costarle caro: ninguneó al PRO y a los bloques de Provincias Unidas (liderados por Llaryora y Pullaro), los mismos que le han garantizado el quórum hasta hoy.

Cristian Ritondo, jefe del bloque PRO, ya prepara denuncias por inconstitucionalidad contra Menem, marcando una fractura que deja al oficialismo sin red de contención en el Congreso.

«El problema de perder es la cara de boludo que te queda», recordaba un histórico dirigente peronista. Esa parece ser la sensación térmica en Balcarce 50.

Un escenario de ilegalidad y presión externa

La derrota no es solo un golpe al ego libertario; es un problema estratégico de tres aristas:

  1. Déficit Fiscal: Al caerse los ajustes, el Presupuesto aprobado es uno de los más deficitarios que se recuerden, chocando de frente con la promesa de «déficit cero».
  2. Riesgo Jurídico: El Congreso ha ratificado partidas para universidades y discapacidad con mayorías especiales. Si Milei decide incumplir estas leyes mediante la vía de los hechos, él y sus ministros quedan expuestos a denuncias penales por incumplimiento de los deberes de funcionario público.
  3. El Factor FMI: Estados Unidos y el Fondo habían solicitado un presupuesto aprobado como muestra de «institucionalidad». La fragilidad actual de las reservas y la incapacidad de construir mayorías parlamentarias encienden las alarmas de una posible crisis de deuda.

¿Qué sigue?

El Gobierno ahora enfrenta una encrucijada imposible. Si veta su propio presupuesto, confiesa su impotencia política; si lo acepta, gestiona el déficit que juró destruir.

El camino al Senado asoma aún más sinuoso, con una oposición fortalecida y aliados naturales que ya no están dispuestos a ser «sacrificados» en el altar de la intransigencia libertaria.