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Por Belén Veigas

Una de cada nueve personas en el planeta está malnutrida y uno de cada tres tiene sobrepeso, de acuerdo al mayor reporte independiente sobre el tema publicado recientemente. La situación en la Argentina y las recomendaciones de los especialistas para empezar a revertir la situación.

En el mundo una de cada nueve personas sufre hambre, al mismo tiempo que una de cada tres tiene sobrepeso. La malnutrición coexiste en sus dos formas (obesidad y desnutrición) en cada vez más países, al interior de los cuales las desigualdades económicas, pero también geográficas, por sexo, edad, y educación marcan una realidad de la cual la Argentina no está exenta.

Así lo revela el Informe de la Nutrición Mundial 2020 (Global Nutrition Report, GNR), dado a conocer en los últimos días. El trabajo, el mayor reporte global independiente sobre el tema, es realizado a partir del análisis de los datos disponibles de 194 países y de organismos internacionales.

La iniciativa se realiza periódicamente desde 2014, como un mecanismo para dar seguimiento a los avances hacia el cumplimiento de las “Metas mundiales de nutrición 2025” que se impusieron los países miembros de la OMS para reducir la existencia de la malnutrición hacia ese año.

En el mundo, entre los niños menores de cinco años, 149 millones sufren retrasos en el crecimiento, 49.5 millones tienen bajo peso en relación a su estatura y 40.1 millones tienen sobrepeso. Al mismo tiempo, hay 677.6 millones de adultos obesos.

“Argentina no escapa a ese fenómeno, coexiste la baja talla con el exceso de peso, esa es la doble carga de malnutrición”, aseguró en diálogo con Télam Lorena Allemandi, especialista en políticas públicas, miembro de la Fundación Interamericana del Corazón (FIC) y uno de las 18 expertos del equipo mundial que elaboró el reporte.

Mapa de los países donde se dan al mismo tiempo baja talla en niños menores de cinco años, anemia en mujeres en edad reproductiva y sobrepeso en mujeres adultasMapa de los países donde se dan al mismo tiempo baja talla en niños menores de cinco años, anemia en mujeres en edad reproductiva y sobrepeso en mujeres adultas
Desigualdad
El principal eje del informe es la desigualdad, a la que consideran una de las causas de la malnutrición: tanto el sobrepeso como la desnutrición, y en muchos casos la coexistencia de ambas.

Los especialistas sostienen que los datos globales y nacionales esconden inequidades significativas dentro de los territorios nacionales y entre las distintas poblaciones que conviven allí, siendo los grupos vulnerables los más afectados.

Las diferencias se explican por locación, por el eje rural-urbano, por edad, sexo, educación y riqueza, mientras que los países en conflicto suman otro tipo de complejidad al problema.

Los problemas de crecimiento y bajo peso prevalecen en las áreas rurales, en niños cuyos padres registran menor nivel de educación. Lo contrario se ve con el sobrepeso: se registra más en áreas urbanas, con padres de mayor educación.

En cuanto al sexo, el sobrepeso afecta más a las mujeres (15,1% de la población mundial) que a los hombres (11.1%), aunque en ambos se registra un aumento en los últimos 20 años. El bajo peso se encuentra en descenso en el mundo, en ambos sexos también, aunque nuevamente las más afectadas son las mujeres.

Al interior de los países, las disparidades más importantes en cuanto a chicos con baja talla se registraron en Nigeria, Indonesia e India; mientras que en relación al sobrepeso, en Sudáfrica, Perú y China la cantidad de personas que lo sufren se duplica hasta tres veces entre comunidades.

El panorama de la Argentina
Con datos de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, Allemandi explica que “Argentina es uno de los países con mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad en la región”, con un porcentaje total de personas con de exceso de peso de 67,9%.

En cuanto a la desigualdad, explica que “los grupos sociales de menos ingresos son los que más obesidad presentan, hay un 21% más en el quintil de menor ingreso en esta población”. “Son números de Argentina, pero se repiten en la mayoría de los países del mundo. De ahí la importancia de hacer foco en la inequedad y el recomendar a los estados que implementen políticas para mejorar los entornos alimentarios”, concluye.

Por su parte, el jefe del servicio de Nutrición del Hospital de Clínicas y titular de la cátedra del tema en el la Facultad de Medicina, Doctor Gustavo Frechtel, coincide en la relevancia del problema y puntualiza que “el sobrepeso y la obesidad están impactando a nivel de niños y de adolescentes”. “Esto viene acompañado de problemas cardiovasculares y la diabetes de tipo 2. Hay una curva paralela entre la obesidad y la diabetes que van de la mano y cada vez están apareciendo a edades más tempranas”, afirma.

Entre las causas, el especialista explica que la coyuntura argentina coincide con lo que afirma el reporte: los sistemas de alimentación, desde la producción hasta el consumo.

Y otra vez se evidencian las desigualdades. “Hay una sobreoferta de ultraprocesados, mayor acceso a alimentos altos en azúcares simples y en grasas saturadas, que son los que sumados al sedentarismo impactan en el sobrepeso y la obesidad. Son alimentos más baratos”, explicó.

“Los alimentos saludables, las frutas, las verduras, legumbres, son más caros. En las canastas de precios controlados no abundan ese tipo de alimentos saludables, aunque se está empezando a pensar el tema”, aseguró.

En cuanto a las desigualdades geográficas, si bien hay datos que respaldan una mayor desnutrición en el norte del país, el médico sostiene que faltan registros oficiales recolectados de manera sostenida en el tiempo como para establecer una correlación.

“Para poder establecer políticas adecuadas y poder evaluar su eficacia deberíamos tener datos importantes, bien elaborados y de seguimiento, que permitan establecer si las herramientas que estamos utilizando para solucionar el problema lo están llevando a cabo”, destacó.

Por último, el especialista nombró otras dos realidades del país: “Hay una importante presencia de anemia en las embarazadas y un 40% de mujeres que a los 6 meses abandonan el amamantamiento materno, lo cual es importante para el futuro del niño”.

Un fenómeno en simultáneo
La desnutrición y el sobrepreso son realidades que coexisten, según muestra el reporte: de 111 países con datos disponibles para el análisis, 10 Estados africanos y de Asia mostraron una prevalencia de al menos 5% de niños con ambos problemas.

Los países más afectados son Siria, con el 10% de sus niños afectados, seguido de Guinea Ecuatorial (8,6%) y Egipto (8,1%).

Aunque el estudio no habla de la Argentina, Freschel asegura que es un fenómeno importante en el país y se lo llama “desnutrición oculta”.

“Son los pacientes desnutridos pero obesos, chicos que comen básicamente harinas, que es el alimento de más fácil acceso. No es la imagen del desnutrido clásico, con pérdida de masa muscular, sino chicos que remiten a la obesidad al verlos”, explica.

Los chicos panzones, que comen basicamente harinas de más fácil acceso, es un tipo de desnutrición que está creciendo”GUSTAVO FRECHTEL

Políticas y propuestas
De cara a la acción, los autores del informe destacan la necesidad de integrar la nutrición en los programas universales de salud de los gobiernos como “prerrequisito indispensable para mejorar las dietas, salvar vidas y reducir los gastos de salud, mientras se aseguran que nadie quede postergado”.

En ese sentido, Allemandi precisó que la intención del reporte es llamar a los Estados a tener “un rol protagónico para generar sistemas alimentarios más justos”.

Puntualmente, alientan a los gobiernos a desincentivar el consumo de alimentos procesados y ultraprocesados e incentivar el consumo de alimentos sanos y naturales, aumentar su acceso y disponibilidad. “Dentro de estas políticas está por ejemplo reducir o eliminar el marketing de alimentos de baja calidad nutricional, especialmente en los chicos, pero también en la población en general”, explica.

Dentro de las medidas económicas, sugieren políticas fiscales para crear impuestos a alimentos no saludables e incentivar la producción de frutas y verduras, de pequeños productores y agroecológicas, así como también una mejora de las condiciones laborales y el fomento de la producción de cercanía.

Otra política recomendada es un etiquetado frontal claro, para brindar información sencilla a los consumidores. También mejorar el entorno escolar, con medidas como mejorar la currícula para que los chicos tengan clases de alimentación saludable, aumentar lashoras de actividad física, eliminar la oferta de alimentos no saludables y garantizar el acceso a agua potable y gratuita entre otras medidas.

En este punto coincide el doctor Freschel: “Una adecuada intervención con programas educativos es muy importante para comenzar a revertir esta situación, va a llevar muchos años, pero en algún momento hay que empezar con programas que tengan continuidad”.

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