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El aislacionismo de Estados Unidos impulsado por Donald Trump está listo para irrumpir con toda su fuerza ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), que tras ser inaugurada por el presidente argentino Mauricio Macri celebra a lo largo de tres días su 11/a  conferencia ministerial.

La OMC es un organismo cuyo eje -casi una ‘religión’- es el multilateralismo, una concepción de las tratativas internacionales que ha sido puesta en tela de juicio por Trump no sólo en el frente del comercio, sino también en otros ámbitos y organizaciones internacionales, a partir por ejemplo del tema del clima y en diferentes agencias de las Naciones Unidas.

La organización con sede en Ginebra, que regula con mano severa al comercio internacional, cuenta con 164 países, cuyas delegaciones han llegado a Buenos Aires precisamente para plantear sus prioridades y negociar los diferentes temas en discusión.

Algunas de estas temáticas son «viejas», o mejor dicho tradicionales, como por ejemplo los subsidios a la agricultura o la pesca, otros más recientes, como el comercio electrónico y la delicada relación PYMES-comercio.

A raíz del impacto del ventarrón «neo-proteccionista» de Washington -el más arraigado desde finales de la guerra- lo que ha terminado estando en juego es en realidad el destino mismo de la OMC.

Tras su llegada a la Casa Blanca, Trump ha ido en estos meses sumando varios portazos, alejándose de los acuerdos inspirados en el diálogo y el libre comercio.

Este ha sido por ejemplo el tema del TLCAN (México-EEUU-Canadá), que está en el medio de arduas negociaciones, o del TPP, el acuerdo del que Washingon ha salido y que apunta a reducir las tarifas entre más de diez naciones que comparten al Pacífico como frontera comercial. La WTO (según su sigla en inglés) enfrenta en otras palabras una profunda «crisis de identidad» precisamente a raíz de la política «America First» (America Primero) impulsada por Trump, enfoque que de hecho ha sustituido a la diplomacia de las reglas con la diplomacia de los negocios y la de los acuerdos bilaterales.

Quizás Buenos Aires -ciudad en la que el psicoanálisis tiene gran influencia- pueda ayudar para que, de una u otra manera, la OMC logre salir del estancamiento en el que se encuentra.

El clima no es de los mejores y, por el contrario, son pocos los expertos que tienen grandes expectativas por los resultados de la cumbre.

No todo es sin embargo responsabilidad de Washington. También la Brexit va en ese rumbo, la de la cerrazón, y las tentaciones aislacionistas se multiplican a lo largo y lo ancho del mundo.

En este contexto, un eventual anuncio del tan postergado acuerdo entre le UE y el Mercosur (ya van 17 años de tratativas) implicaría un importante mensaje político, además de un maxi-pacto que en términos de comercio equivale, por ejemplo, a ocho CETA (acuerdo entre la UE y Canadá).

Entre las reuniones bilaterales que el director de la OMC, Roberto Azevedo, tuvo hoy en Buenos Aires se destaca el encuentro mantenido con Robert Lighthizer, un abogado que fue viceministro para el comercio de Ronald Reagan y que hoy es el «zar» de Estados Unidos en esa área.

Durante una rueda de prensa junto con la ex canciller argentina, y presidenta de la conferencia, Susana Malcorra, Azevedo dejó bien claro que no le gustaba «apuntar con el dedo» hacia ningún país de la OMC como generadora única de problemas.

El experimentado diplomático brasileño recordó que, por lo contrario, de una u otra manera no hay momento en la OMC en la que un país, o grupos de ellos, planteen problemas delicados o de difícil solución. En esto consiste, precisamente, el meollo del diálogo multilateral: avanzar resolviendo conflictos por medio de la mediación y el consenso, en el que inevitablemente todas las partes ganan, y pierden, algo. (ANSA)