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Por Miguel Abálsamo

La política vive permanentemente en una sospecha generalizada, en muchas ocasiones solemos hacerlo  y no esta bien, cometemos en esa generalización injusticias, como también acusamos a la ligera, procesamos a la mañana, enjuiciamos a la tarde y condenamos a la noche, muchas veces poniendo mayor acento en unos que otros según nuestro pensamiento ideológico o la realidad de ese momento.

La corrupción no es propiedad de la política, cruza transversalmente a la sociedad, empresarios, sindicalistas, hombres y mujeres que muchas veces elogiamos o ponemos como ejemplos esconden detrás de esa cara actos que tal vez nunca salen a la luz.

En los últimos días vinimos asistiendo a hechos de corrupción, que deberán ser demostrados ante la Justicia, pero que viene abrumando e indignando al ciudadano de cada día.

Latinoamérica esta en efervescencia en Brasil, posible Juicio Político a su presidenta Dilma, acorralado por denuncias el ex Lula, Venezuela en estado de pobreza, siendo el tercer país exportador de petróleo del mundo, Bolivia, con una amante de Evo Morales, un hijo producto de esa relación, su amante integrando el Directorio de una importante empresa china que recibió subsidio no retornables por 500 millones de dólares, y el intento de perpetuarse en el poder, algo que tuvo su obstáculo en el pueblo en el reciente plebiscito,  Argentina, con los hechos, inclusive filmados y la lupa que la gente pone sobre la diversidad del arco político.

La corrupción no es de derecha o izquierda, recordar gobiernos de Collor de Melo en Brasil, Alberto Fujimori en Perú, o Carlos Andrés Pérez en Venezuela, que posibilitó la llegada del Comandante Chávez ante un pueblo asqueado.

¿La corrupción es sólo en Latinoamérica?

No.

Ocurre que en esta parte del mundo, a diferencia de otros países, lo que falla es la Justicia y la condena social.

En esta parte del Continente prevale la impunidad, el que las hace no la paga.

Lo realmente triste es observar como movimientos populares que han logrado sacar de la pobreza a 40 millones de brasileños insertándolos en la clase media, en el nombre de lo popular y nacional, terminen frustrando al pueblo, penoso lo de Venezuela que siendo un país con posibilidades enormes de contar con mejor calidad de vida, hoy no tengan sus habitantes ni siquiera papel higiénico.

Lo ideal sería que los discursos populares tengan condición con la realidad.

Alguien dijo alguna vez que cualquier movimiento popular por más importante que sea, provoque la muerte de un niño, ya no tendrá razón de ser.

Sería bueno aplicar ese concepto al decir sobre la corrupción…» los movimientos políticos que les roben a la gente sus alimentos, la construcción de sus viviendas, la educación de sus hijos, el mejoramiento de la vida diaria, no tendrán razón de ser por más discursos encendidos».

Muchos dirigentes «populares» tienen esa doble vida, lloran con la militancia y viven en forma millonaria, como decía el General Perón… «hablan por izquierda y cobran  por derecha».

La dicotomía que se plantea ante los gobiernos «nacionales y populares » latinoamericanos es que una franja enorme de la población reciben atención, subsidios, planes sociales, y todo aquellos indispensable para la supervivencia, pero la autentica transformación no aparece en toda la vida de esas personas, son alimentadas de esa manera por gobiernos que dicen ser transformadores pero en definitiva los dejan allí, estancados de por vida.

Necesitamos proteger a los más necesitados, estar cerca de los desposeídos, pero no puede ser algo eterno, detrás de ese aporte social invalorable en los momentos más delicados ,debe haber un proyecto que los incluya en la sociedad, que los valorice como personas, que son más que un bolsón  de mercadería o un plan social estrictamente necesario de momento.

Necesitamos unidad nacional, ponernos de acuerdo en los grandes objetivos, insertarnos en el mundo, afirmar un capitalismo con rostro humano, ejes que nos conduzcan a cerrar nuestras asignaturas pendientes de tantos años, salud, educación, justicia igualitaria.

Nos sobran excelentes políticos, éticos y de calidad republicana en todos los partidos políticos, con nuevas generaciones que tienen la enorme responsabilidad de cerrar divisiones del pasado y dejar de lado el fundamentalismo de la ideologización permanente para convertirse en prácticos dirigentes apuntando al bien común de su pueblo.

¿Populares o Populistas?

Somos muy propensos a confundir lo popular con lo populista. No es lo mismo.

Del latín «populare», el gobierno popular pone acento en las clases más necesitadas, integrándolos en el marco social con el objetivo de armonizar los diferentes factores de poder sin intereses sectarios o enfrentamiento de clases.

El popular se preocupa seriamente por el bien común incluyendo al ciudadano plenamente.

El «populismo» es un término que no forma parte del diccionario de la Real Academia (RAE). Entiende que el pueblo es solamente quien lo vota, y lo deja allí estacionado siempre en la pobreza. Por lo general la culpa es de los otros cuando algo no anda bien, y el fracaso es por culpa ajena, generalmente Estados Unidos, algo que siempre cae bien a las circunstancias.

El populismo de izquierda fundamentalmente ahuyenta inversiones, se tilda propiamente como la patria ante los demás que son la anti-patria y se sienten seducidos por países que atrasan el desarrollo, muchas veces hasta Repúblicas conducidas por dictadores (Cuba, claro ejemplo).

No sólo es atribuible a la izquierda (que lo es mayormente) también existe el populismo de derecha, aunque menos frecuente.

La corrupción es generalizada y difícil de erradicar, pero mucho más propenso en este tipo de países con estos vicios históricos-

Lo ideal es gobernar desde un acento nacional y popular, sin caer en exceso, haciendo mención  a una frase histórica… «por sus frutos los conoceréis», de eso se trata cuando culmina un gobierno, si éste  mejoro la vida de la gente, habrá cumplido su objetivo, si pudo elevar las posibilidades de cada ciudadano habrá culminado  exitosamente su ciclo .

Esa es la única verdad de un gobierno popular.

Si los pobres siguieron siendo pobres, la clase media perdió posibilidades, estamos divididos en opiniones irreconciliables y retrocedimos como país en el mundo, esa habrá sido la frustración de un gobierno populista.

ahorainfo.com.arLocalesOpiniónOpiniónPor Miguel Abálsamo La política vive permanentemente en una sospecha generalizada, en muchas ocasiones solemos hacerlo  y no esta bien, cometemos en esa generalización injusticias, como también acusamos a la ligera, procesamos a la mañana, enjuiciamos a la tarde y condenamos a la noche, muchas veces poniendo mayor acento en...Desde Necochea al mundo