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Por Horacio Castelli

La derecha en el mundo y especialmente en la Argentina, siempre beneficia a las grandes corporaciones y a los sectores de poder, produciendo ya no pobres, sino excluidos.

Las naciones son integradas por todos sus habitantes, los nacidos en él y quienes han elegido ese país para vivir.

Por lo tanto, todos participan generando la renta económica, con distintos niveles y responsabilidades.

El estado no se puede retirar de sus responsabilidades y dejar que el mercado haga a su antojo.

Siempre, y reitero “siempre” el mercado va en búsqueda de su beneficio sin medir las consecuencias, que ellos llaman, “daños colaterales”.

Esos “daños colaterales”, son millones de personas desposeídas que tienen que mendigar para sobrevivir o crear los “trueques” para suplantar lo que el mercado quita.

Las informaciones que llenan los distintos medios de comunicación sobre la “corrupción” endémica de los políticos progresistas, populares o populistas nada dicen de los robos que cometen las corporaciones.

Por ejemplo el Diario La Nación debe desde hace más de 15 años cerca de mil millones de pesos en impuestos que no abonaron y está trabado en la Suprema Corte sin avance desde hace al menos 6 años.

Funcionarios, en este caso de la Argentina, tienen un proceso judicial por 5 mil millones de pesos como Sturzenegger  y están libres manejando los destinos de un banco nacional.

Los neoliberales siempre han decidido, porque son parte de las corporaciones, beneficiar con sus medidas a los sectores de poder.

Las medidas nunca tendrán un aliciente a los sectores medios y medios bajos de la sociedad.

Son creados del silencio de los cementerios cuando se refiere a enfriar la economía, a través del cierre de fábricas y la baja del consumo de energía y combustibles.

No gastan en importación de energía porque cada vez hay menos producción, abren las importaciones con la idea de incluirse en el mundo, cuando todos sabemos que no permiten el ingreso de ninguna mercadería que no sea materia prima, e incluso ponen trabas arancelarias para resguardar a sus productores.

Esta receta ya la hemos sufrido, y parece insólito que algunos peronistas históricos hagan mención a Juan Domingo Perón, quién fue acusado durante décadas de demagogo, populista, ladrón, autoritario, etc.

Esos mismos peronistas ahora lo dicen de quienes comandaron el país durante 12 años a través del voto popular, mientras los grandes medios se dedicaron a insultar a la presidenta electa por el ciudadano.

Hoy, los neoliberales hacen callar las voces disidentes, tratando de lograr un discurso único y mostrarle a los habitantes del país que estamos en la alegría.

Hemos vuelto al país Jardín de Infantes de María Elena Walsh, de eso no hay dudas y la “grieta” se agigante cada vez más.

Parte de esa culpa la tienen quienes gritaron durante años contra los medios poderosos de la Argentina y nada hicieron para avanzar en la modernización de la comunicación, solo se quedaron en las formas y jamás llegaron al fondo.

Los gerentes de las grandes corporaciones, siempre logran sus objetivos, mientras los gobiernos populares o populistas supuestamente dejan pobres, ellos directamente los convierten en excluidos.

Y en eso si, que nunca fallan.

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