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Por Guillermo Rubén Sturla

grs@telpin.com.ar

¿Qué le hace una mancha más al tigre?

Dijo Thomas Jefferson: “la disidencia, el disenso, como alma de la democracia”.

Atacar al que piensa distinto es sinónimo de ansias hegemónicas de poder. Desde algún tiempo y desde diferentes ángulos se ha focalizado el ataque en el periodismo bajo distintas argucias, algunas más sutiles que otras. Hasta se llegó a preguntar dónde estaban muchos periodistas durante la dictadura. Cabe recordar que más de 100 hombres de prensa, han caído; de una u otra manera; durante el accionar de la Triple A y el posterior proceso militar.

Bajo el mismo argumento podríamos inquirir qué hacían muchos políticos bocones que hoy pontifican mientras desaparecían muchos argentinos. ¡Pero no es esa la cuestión! No se puede generalizar.

En toda profesión hay buenos, malos y regulares. Hay honestos y deshonestos, convicciones y conveniencias, corruptos y corrompidos. En todos los ámbitos hay personas que “predican agua pero toman vino” o “haz los que yo digo pero no lo que yo hago”.

¿Es la prensa la culpable del país de los últimos años, lustros, décadas? Y en todo caso, ¿la corporación periodística es la única culpable?

Reitero el concepto; toda generalización es mala. Si hablamos de política y sus generadores recordemos que la hoy Presidente en algunas campañas, habló de mafias y de padrinos.  A la luz de los acontecimientos, pareciera ser que muchos han sido redimidos por cambiar de orilla.

Pero los ciudadanos no podemos generalizar y estigmatizar a todos, porque hay alguna gente idónea, sana y honesta desarrollando su tarea en el campo político.

Pensar mal de todos sería bajar las persianas a las ilusiones democráticas, al proyecto “país” y a las esperanzas republicanas.

Debemos actuar con suma prudencia. Tener en cuenta que sólo un paso separa la autoridad del autoritarismo.

Un soplo hace la diferencia entre libertad y libertinaje y sólo una brisa distancia a mandatarios de mandantes.

En todo caso, para aquellos que son muy sueltos de lengua, sobre todo desde el poder, convendría recordar aquel viejo proverbio que dice: “la sabiduría habla convincentemente y la ignorancia grita y gesticula desaforadamente”.

¿Será también que en este asunto de la prensa, la culpa siempre la tiene el otro, por tener la desfachatez de disentir y negar el unicato de pensamiento?