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Pedro Zonza Briano. "Bañistas" - 1925

Queridos amigos:

Hemos dicho en muchas oportunidades que el olvido de los ritmos de la naturaleza no es accidental, sino que responde a los intereses de quienes lucran con los daños a nuestro ambiente.

Lo mismo ocurre con la destrucción de ecosistemas. Un paisaje hermoso se transforma en un basural, un río cristalino se vuelve negro y con el paso del tiempo la gente cree que siempre fueron así y que ése es su estado natural.

Por eso hoy quiero recordarles un ecosistema perdido.

La zona próxima a la desembocadura del arroyo Sarandí, aguas abajo del Riachuelo, en Avellaneda, tuvo un medio natural semejante al que vieron los fundadores de la Ciudad de Buenos Aires. Entre el bosque de ribera se desarrollaron quintas de frutales y una actividad de producción de vino artesanal (el “vino de la costa”), cuyo sabor describe Haroldo Conti diciendo que “es el vino de la memoria y el vino del río, cuando uno siente ese golpecito amargo en el paladar, apenas un pellizco, se enciende por dentro y se torna memoria y río, barco vagabundo y mundo rante”[i].

Sorprende saber que la zona de quintas de la costa tenía una importante actividad recreativa, que allí estaba la playa en la que sus habitantes se bañaban en el Río de la Plata y que, cada año se celebraba en Avellaneda la Fiesta de la Vendimia. Era una fiesta con carrozas coloridas y elección de la Reina de la Vendimia.

Un vecino cuenta cómo eran sus temporadas calurosas, a principios del siglo XX: “Acá la gente iba caminando (a la costa) porque había unos cuantos colectivos, pero no daban abasto. Había recreos, había arboleda ahí. Vos podías quedarte todo el día y prender fuego, hacer tu asado, comer ahí. La costa nuestra no le envidia a nadie. Lo que pasa es que ahora está contaminada. Yo me acuerdo cuando era chico que había cangrejos en la costa, yo iba con la pava y el agua de los charcos estaba cristalina, era del color de la arena. Acá podías bañarte, tomar agua, los pescados eran más ricos que los que comprás en los supermercados y había de todo: ranas, ostras, de todo, acá era una fauna extraordinaria, había nutrias. Venía gente de todo Buenos Aires, era hermoso”[ii].

Más tarde, el Polo Petroquímico y los rellenos sanitarios del CEAMSE pintaron el agua de negro y llenaron el aire de olores y de gases tóxicos. Así, hicieron desaparecer esas actividades y los habitantes de Avellaneda fueron olvidando esos rastros de sus viejos ecosistemas.

  • La obra de arte que acompaña esta entrega es: «Bañistas», de Pedro Zonza Briano, hecha en 1925. Del mismo modo que Renoir idealiza las bañistas de Argenteuil, una playa próxima a París, Pedro Zonza Briano hace un relieve en el que idealiza las muchachas que se bañaban en el arroyo Sarandí y nadaban hacia el Río de la Plata. A diferencia del francés, el detalle de calzarlas con alpargatas nos muestra que no son ninfas mitológicas, sino mujeres corrientes, del aquí y ahora, dispuestas a refrescarse en un arroyo que en ese momento todavía era límpido.

Con este recuerdo quiero saludarlos en el comienzo del verano.

Un gran abrazo a todos.

Antonio Elio Brailovsky

[i] Conti, Haroldo: “Tristezas del vino de la costa o La Parva muerte de la Isla Paulino” , en revista Crisis, Nº 36, 1976.

[ii] Auyero, Javier y Swistun, Débora A: “Inflamable, estudio del sufrimiento ambiental”, Buenos Aires, Paidós, 2008.

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