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Kirchner presidió la presentación del proyecto que será enviado al Congreso y que declara a la Educación como «un bien público y un derecho personal y social garantizado por el Estado Nacional»

El presidente Néstor Kirchner encabezó junto al ministro de Educación, Daniel Filmus, el acto de presentación del proyecto de la Ley de Educación Nacional que será girado para su tratamiento al Congreso Nacional.

“Esto nos va a permitir empezar a construir un sistema educativo con contenido, con pluralidad, con capacidad de debate”, aseguró el jefe de Estado; para quien la norma representa el poder “formar a argentinos en el marco de la inclusión social”.

La iniciativa apunta romper con las desigualdades y garantizar el derecho a la educación. Entre sus puntos principales se destacan el aumento de la escolaridad obligatoria de 10 a 13 años y la expansión de la jornada completa a todas las escuelas primarias del país.

La ley impulsada por el Gobierno cuenta con beneficios como: la obligatoriedad de la escuela media, la ampliación de las vacantes -que va a ser obligación del Estado-, y el cambio paulatino de todas las escuelas primarias a ser de jornada extendida.

La norma, que ingresará al Senado y luego pasará a Diputados, fue debatida con todos los sectores implicados en el proceso educativo.

PALABRAS DEL MINISTRO DE EDUCACIÓN, CIENCIA Y TECNOLOGÍA, DANIEL FILMUS, EN LA PRESENTACIÓN DEL PROYECTO DE LEY DE EDUCACIÓN

Buenas tardes a todos, señor Presidente; señora Cristina Fernández de Kirchner; señor vicepresidente de la Nación; presidentes de las Cámaras; colegas miembros del gabinete; gobernadores de casi todas las provincias del país. Disculpen los nervios y la emoción pero miro las caras, la representación que está aquí con nosotros, no sólo del Gobierno Nacional y de los gobiernos provinciales, sino de toda la sociedad que ha participado en este debate, y realmente creo que hay ciertas cuestiones, como la educación, que deben colocar los objetivos para nuestros niños y nuestros jóvenes por encima de cualquier parcialidad, de cualquier misión particular, y me parece que amerita una ley de educación, el futuro del país, las futuras generaciones que hoy en el marco de este salón signado por el pluralismo, que permite que estemos todos con un objetivo común.

Como se decía en la presentación hace 6 meses el presidente de la Nación, nos convocó con el objetivo de elaborar un proyecto de ley de educación nacional para colocar a nuestro país y a nuestro sistema educativo de cara a los desafíos del siglo XXI. Muchos de los que hoy estamos aquí en realidad compartimos ese momento, que también estuvo signado por el pluralismo.

Permítanme leer un párrafo de la convocatoria del Presidente, que decía en aquel momento: “la Argentina necesita un profundo debate que nos permita elaborar un proyecto ley de educación nacional ampliamente legitimado por la opinión y la participación del conjunto de la ciudadanía. Somos concientes de que al convocar al debate sobre el futuro de la educación argentina también estamos poniendo en discusión el modelo de país para las próximas décadas. Es por ello que consideramos que la futura ley de educación nacional no puede constituirse en una legislación para la coyuntura. Como en el caso de la ley 1.420, debe interpretar con realismo la situación de la que partimos y delinear, con imaginación y creatividad, la estrategia educativa para la Argentina que queremos, una Nación con mayor justicia social, producto de la mejor distribución de los beneficios del crecimiento; una Nación soberana, que recree y transmita su acervo cultural, valores y saber de calidad, en forma democrática, para que todos sus ciudadanos puedan participar igualitariamente en una sociedad que estará caracterizada por el valor del conocimiento, la ciencia y la tecnología. Para que esto sea posible, decía la convocatoria, se requiere de una ley que sepa interpretar las opiniones, deseos y sueños de la gran mayoría de los argentinos y argentinas. Sólo así lograremos que el cumplimiento de sus objetivos se constituya en una verdadera política de Estado.”
Permítanme creer que la posibilidad de que nos volvamos a encontrar 180 días después, todos, en el mismo clima de pluralidad, significa que hemos sabido cumplir con el mandato del Presidente. Permítanme creer que la razón de que hoy estemos juntos aquí implica que en este proyecto de ley que va al Congreso están reflejadas las aspiraciones y los sueños de la gran mayoría de los argentinos. Permítanme creer que los que están aquí tienen que ver con esa construcción de la Argentina que todos queremos. Yo miro las caras, no puedo dejar de hacerlo, y podría señalar cómo cada uno de los que están aquí, enfáticamente, discutió, defendió, se esforzó para que en la ley estén reflejados sus pensamientos y su manera de ver. Están aquí los empresarios, los trabajadores, están los sindicatos docentes, personas de la cultura, de la ciencia, están aquí los ministros de todas las provincias, los legisladores que participaron del debate, cada uno peleó, discutió fuertemente, pero creo que logramos entender que ese núcleo central de coincidencias tiene que estar reflejado en la ley y que en ese núcleo central de coincidencias podemos forjar una política de Estado para el futuro. Se discutió, se defendió y hay, sin lugar a dudas, una idea central respecto de qué es lo que se quiere con la educación.

Sé que quizás el ambiente formal no me lo permite pero voy a ser breve y me gustaría invitarlos a la imaginación. Por ejemplo podemos imaginar una Argentina en la que todos los chicos, absolutamente todos los chicos y los jóvenes puedan egresar de la escuela media. Podemos imaginar una Argentina donde egresar no significa tener un certificado nada más, significa acceder a los haberes y a los valores que les permiten continuar estudios superiores o ingresar dignamente al trabajo, de acuerdo a su vocación e intereses; donde esos aprendizajes, imaginemos, les permiten participar más activamente, les permiten participar más críticamente de la construcción de una sociedad y un sistema político profundamente democrático y desarrollar, así sí, una ciudadanía integral. Imaginemos una Argentina donde no importa de qué hogar provienen los jóvenes, hasta los más humildes, los que viven en las regiones más lejanas pueden obtener una calidad de educación similar a quienes provienen de los hogares de mayores recursos. Una Argentina donde los más pequeños, especialmente los que más necesitan, pueden ingresar tempranamente al sistema educativo, quizás desde que tienen posibilidades de aprender, prácticamente desde que nacen, y desarrollar, en el nivel inicial, las capacidades y competencias que les permitan luego acceder a la escuela primaria en una verdadera igualdad de oportunidades. Imaginemos que en ese entonces en la Argentina los chicos que concurren a la primaria van a una escuela de jornada extendida o de jornada completa, como pasa en casi todos los países desarrollados del mundo, y que por ello, por tener más tiempo escolar, disponen de la posibilidad de aprender un segundo idioma y también disponen de la posibilidad de aprender las modernas tecnologías, que van a ser imprescindibles en aquel entonces para poder ingresar en una sociedad cada vez más compleja. Esa escuela no sólo tiene espacios para la ciencia y para la tecnología sino que tiene espacio para la expresión artística, para la expresión física, para que se puedan desarrollar en toda su potencialidad.

Me imagino, espero que compartan la imaginación, una escuela que trabaja articuladamente con todas las áreas sociales que me acompañan acá, que trabajan articuladamente con el área de salud, con el área de desarrollo social, porque la mirada respecto del cumplimiento de los derechos del niño es una mirada integral, el maestro ya no tiene que dejar de lado lo pedagógico para atender los problemas sociales y familiares de los chicos, porque hay una mirada integral desde todas las áreas de gobierno.

Me imagino una Argentina en la cual los padres puedan elegir por ejemplo la gestión pública porque así lo prefieren, no porque no tienen recursos para ir a una escuela privada, no por descarte, y están orgullosos de su decisión. Me imagino, e invito a imaginar, una escuela donde hay padres que eligen la escuela de gestión privada y lo hacen porque están de acuerdo con su ideario pedagógico, social, con sus valores y con sus convicciones religiosas, y no porque huyen de las públicas porque desconfían de la calidad de la educación que les van a brindar, y también están orgullosos de su decisión.

Imagino, e imaginemos por un momento, una Argentina sin analfabetos, sin ninguna persona que no sepa leer y escribir, donde todos los jóvenes y adultos tienen la posibilidad de educarse a lo largo de toda la vida, porque necesitan adaptarse a un mundo del trabajo cada vez más cambiante, o simplemente porque quieren estudiar para superarse o porque les gusta, pero tienen esa posibilidad. Imaginemos que para educar con calidad hizo falta haber contado con maestros y profesores jerarquizados, que tuvieron condiciones de trabajo y salarios dignos, docentes con sólida formación de base y con posibilidades de capacitarse gratuitamente a lo largo de toda su carrera profesional; docentes que estén apasionados por el conocimiento, que estén apasionados por la lectura y por la ciencia, porque sólo si están apasionados van a estar en condiciones de poder transmitir esa pasión.

También nos podemos imaginar una escuela fuertemente participativa, acompañada por los padres y por la comunidad que la rodea, ellos participan de la elaboración del proyecto institucional y apoyan a sus maestros en la tarea de enseñar.

Ya que estamos imaginando, y como vemos que cuesta poco, por qué no pensar que en esa Argentina del futuro los medios de comunicación trabajan codo a codo con la escuela para transmitir valores que promueven a una cultura de respeto, la paz, la no discriminación y la solidaridad. Podríamos seguir imaginando, pero hacemos un alto aquí porque es verdad, por momentos esto puede transformarse en un sueño.

Parece que habláramos de otro país. ¿Es porque por alguna extraña razón nosotros no podemos incorporarnos a las naciones que han logrado estos objetivos? ¿Es que nuestros niños y jóvenes no merecen vivir en una sociedad donde la democratización del acceso al saber se convierta en la base de una comunidad más desarrollada y más justa? Hay que decirlo, no siempre fue así, hubo en la Argentina, y lo podemos pensar para atrás, momentos en la historia en los que hubo gente que pensó, imaginó, y ese diseño hizo posible nuestro país. La historia nos muestra, por ejemplo, que sobre mediados y fines del siglo XIX, también en la época de la Independencia, en esta alejada región del mundo algunos argentinos imaginaron que era posible construir otro país a partir de la educación. Pero también, como nosotros, imaginaban algo que no existía, en la Argentina no había escuelas en aquel entonces, prácticamente no había escuelas; no sólo no había escuelas, no había maestros, hubo que traerlos de afuera; no sólo no había escuelas ni maestros, tampoco había población, también hubo que buscar esa población para que integrara el país. Parecía un sueño, era pura imaginación, pero así construimos la Argentina que después, sobre mediados del siglo XX, logró llegar a niveles de justicia social, equidad y desarrollo que todos los países de la región envidiaban.

Argentina tiene condiciones para cumplir, sin lugar a dudas, con esto que estamos imaginando. La forma en que nos hemos recuperado de los gobiernos militares, la forma en que nos hemos recuperado del oscurantismo y de la persecución, la forma en que nos hemos recuperado de los peores momentos de la historia, de la crisis económica, de las políticas neoliberales, la forma en que nos venimos recuperando, muestra que estamos en condiciones de hacerlo. Hay que volver a colocar estos elementos en el centro de nuestra preocupación.

¿Qué Argentina podemos imaginar si no logramos esto? Una Argentina donde no se cumplan los sueños de nuestros chicos y de nuestros jóvenes, una Argentina de la marginación, de la pobreza, de una democracia endeble, con profunda desigualdad social. ¿Tenemos otra alternativa que no sea imaginar un país de la mano de lo que señalamos hacia el futuro? Creo que simplemente esto es lo que nosotros procuramos en la discusión y en la elaboración de la ley, poder confluir, poder aportar desde distintas perspectivas y como nos convocara el Presidente, a elaborar un proyecto que de su aplicación, de las políticas de mediano y largo plazo que signifique su aplicación, de la concepción de que los tiempos pedagógicos, los tiempos educativos, no están de ninguna manera vinculados a los calendarios electorales, que si no lo conformamos en políticas de Estado y, como hemos visto en otras naciones, como lo hemos visto en la historia argentina, de mucho y tesonero esfuerzo en dirección a un modelo de desarrollo que contemple por supuesto el crecimiento, pero que mire su horizonte en la justicia social, esto no va a ser posible.

Estamos en condiciones de hacerlo, el esfuerzo que se ha hecho, que han hecho todos ustedes, los que veo acá, los 750 mil docentes, los más de 4 millones de argentinos que participaron con sus opiniones, nos dan la pauta de que estamos en condiciones de construir esa Argentina, de a poco, cotidianamente, con el esfuerzo diario de nuestros padres en los hogares, y de nuestros maestros en las escuelas, esa Argentina justa, esa Argentina igualitaria, que sólo se puede construir a partir de la base que da la educación.

No sabemos cómo va a ser la Argentina del futuro, la incertidumbre quizás es el elemento dominante del mundo en este momento, sea como fuere, en el futuro los que no tengan la educación que merecen van a estar marginados de la participación en esa sociedad. Por eso esta ley, por eso agradezco infinitamente el acompañamiento de todos los gobernadores, de todo el Gobierno Nacional, me llena de orgullo que todo el gabinete, que las máximas autoridades de este país estén acá; me llena de orgullo que estén aquí trabajadores, que estén todos los sindicatos docentes, que haya diputados de todos partidos políticos, me llena de orgullo que estén los empresarios, que estén los académicos, los científicos, los que con su creación, con su capacidad de innovación y su trabajo forjan un país mejor para el futuro.

Ojalá que este proyecto de ley se convierta en ley, ojalá luego se convierta en la vida cotidiana de nuestras escuelas, que permita que de la mano de los docentes entre a cada una de las aulas. Ojalá que nuestros chicos y nuestros jóvenes puedan ser los beneficiarios de todo este esfuerzo y de toda esta concertación que logramos entre todos. Muchas gracias.

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