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Por Horacio Castelli

Las expresiones de los últimos días, nos llevan a ser claros en los conceptos y dejar de lado los eufemismos.

Los que quieren lotear el Parque están interesados en construir viviendas y edificios en el interior del mismo.

Se nota, cuando dan como ejemplo, a localidades como Villa Gesell, Cariló y otras localidades nacionales y del exterior.

Estas localidades se construyeron dentro de un predio privado y fueron pensadas con la intención de lotearlos para construir edificaciones dentro de él.

En el caso del Parque Miguel Lillo fue creado para contener las dunas vivas que existen en Necochea.

Que solamente el Frente Costero se puede extender hacia el sur, es verdad. Que se necesita “intervenir” el Parque Miguel Lillo, también es verdad.

A esta altura de la situación, no es necesario negarse a este tipo de proyectos sin conocerlos en su totalidad, pero quienes defienden la idea, deben ser honestos y no disfrazar las verdaderas intenciones.

La postura del “si”

El gran problema que existe con la postura supuestamente por el “SI”, es que no dicen toda la verdad, no informan la intención completa, no existe (al menos que se conozca), un proyecto integral.

Entonces, ¿Por qué hay que aceptar que quienes tienen dudas sobre las verdaderas intenciones, no puedan ser incrédulos?

Cuando se oculta información, no hay claridad en lo que se expone, existen grandes posibilidades que el objetivo final no sea del todo transparente.

Si alguien intenta que la ciudadanía sea incrédula, que crea en los grandes objetivos en favor de la comunidad, quién se ha quemado con leche, ve un inversor y abre los ojos.

Decir la verdad

Por eso, digo, dejemos de lado los eufemismos como intervención, ayuda, cuidar, medio ambiente, resguardo, otras localidades, etc.

Digan la verdad, y comiencen a discutir con el proyecto total de frente a la ciudadanía, y quizás, se sorprenderían y, sin mentir, tendrían aportes que mejorarían ese proyecto inmobiliario.

Si se ocultan las verdaderas intenciones, la verdad no debe ser muy digerible para los habitantes de la ciudad.

Por último, reitero, que el Parque Miguel Lillo no se puede comparar con otras intervenciones como Villa Gesell o Cariló porque esos espacios son privados y fueron creados con ese destino.

Nuestro Parque fue creado por la Provincia de Buenos Aires, es decir, es público, y su creación se debió a la necesidad de contener las dunas vidas de la costa.

No mientan, digan la verdad. Negocios inmobiliarios dentro del Parque.

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