Crónicas en domingo. El solitario

Por Silvia Guillot

Qué gran cosa son los juegos como el solitario. Esta es una opinión parcial, hay muchísima gente que encuentra este juego aburrido y sin sentido.

Quizá sea porque no ven más allá de un sujeto dando vuelta naipes reales o guiando el mouse hasta el naipe virtual que se desea mover hacia otra columna.

Sólo ven eso. Ven poco, casi nada de lo que ocurre en realidad en este juego.

Algunas personas creen que es “puro azar”, que no requiere de tácticas o estrategias para lograr un objetivo. Pero eso no es cierto: a veces se avanza con una carta para poder comprobar las consecuencias que ese movimiento provoca, y luego debe darse marcha atrás, porque la movida no fue acertada.

Otros aseguran que idiotiza y aísla. Gran error.

Puede que no en todos los casos, pero sí en muchos, el jugador de solitario tiene su atención segmentada. Por un lado, se está atento al juego, pero también se está atento a las idas y venidas de la o las personas con las que comparte el espacio físico y algún que otro comentario cuando se presenta un bloqueo en el juego difícil de sortear. Sin embargo, lo más interesante es que gran parte de su atención recorre los hilos invisibles del pensamiento, y más de una vez las ideas se aclaran en esos minutos de juego al igual que se superan las “trabas” o bloqueos con el movimiento de uno de los naipes.

Gran cosa es este juego.

En ocasiones, en distintos estamentos del poder públicos y privados, se crean juegos interactivos en los que tácticas y estrategias son volcadas a la mesa sin medir consecuencias. En esas ocasiones suele suceder que la atención sólo se ve depositada en un punto, un resultado a conseguir, perdiendo perspectiva, no haciendo caso al resto de personas que no participan del juego. A veces se deja al azar lo que debería ser arduamente meditado desde distintos puntos de vista.

Estos juegos crean ilusión de interacción y de inclusión.

Un jugador de solitario sabe que no está solo, que elige estar solo por un momento. Este aparte le permitirá reflexionar, mirar desde distintos ángulos un problema a resolver, y quizá encontrar las cartas o los movimientos que le permitan solucionarlo.

En general, los juegos reflejan la vida.

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