EDITORIAL: Globalización y reparto de tareas. Argentina: cereales y oleaginosas

Por Horacio Castelli

A partir de la globalización y de la caída del muro de Berlín el mundo revivió una política que parecía olvidada.

La distribución de las tareas económicas y comerciales decididas por las grandes potencias mundiales se impone permanentemente.

Excepto los períodos donde algunos países emergentes decidieron manejar su propio destino sin amoldarse a las decisiones globales, las grandes potencias deciden la distribución del trabajo.

En la década pasada, América Latina en su gran mayoría; con Brasil, Argentina y Venezuela a la cabeza decidieron su inserción en el mundo con reglas propias, utilizando parcialmente el Mercosur.

Se determinó impulsar la industrialización, con las limitaciones propias de cada país, y tratar de poner valor agregado a las materias primas.

En estos momentos, Argentina y Brasil han “vuelto al mundo” y aceptar el papel que se le asigna desde los centros de poder: Productores de materia prima.

Aquí no planteamos una discusión dogmática sino una realidad que se vivió y se vive en un mundo globalizado, donde los centros de poder quieren ejercer el control absoluto sobre el movimiento comercial mundial.

La distribución de tareas asignada a cada país es una vieja política que se reanuda en momentos donde el presidente del país con mayor poder, decide mirar hacia adentro y nacionalizar la economía.

Un contrasentido que deja mal parados a los gobiernos neoliberales que ven la apertura de sus fronteras económicas como una necesidad de inclusión mundial.

Esta dicotomía entre los centros de poder y el gobierno central de los estados Unidos ha producido un parate en las decisiones futuras hasta saber las medidas concretas del jefe de estado, Donald Trump.

Argentina ha decidido a partir de la asunción del Presidente Mauricio Macri abrir sus fronteras a las importaciones, y convertirse en el “Supermercado del Mundo”, como expresó en reiteradas oportunidades.

El problema de esta decisión es que los productos de otros países están invadiendo nuestro país, no podemos vender nuestra producción y debemos importar mercaderías de consumo industrial que antes, en parte, se fabricaban en el país.

¿De dónde van a salir los dólares, euros y yuanes para pagar?

Si solamente el gobierno se va a basar en el endeudamiento volveremos a vivir años de Plata Dulce y luego la fiesta la pagarán las generaciones futuras como nosotros tuvimos que pagar la fiesta de los gobiernos precedentes.

Cuando el dinero no fluya desde el exterior, se volverán a vender las empresas del estado y cuando la caja vuelva a quedar vacía, los depósitos de la clase media quedarán atrapados en los corralitos bancarios.

Esto no es apocalíptico, ni futurología, analizamos la historia y vemos el presente, para saber como será el futuro.

Como en las matemáticas, la economía no tiene muchas variables y 2 más 2 siempre da cuatro y menos 4 da cero.

La decisión de los centros de poder para que América Latina sea proveedora de materias primas y consumidora de insumos manufacturados, nos deja en un lugar de absoluta debilidad.

Esto no es dogmatismo, es realidad pura.

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