Crónicas en domingo… “¡Qué barbaridad!”

Silvia Guillot

“¡Qué barbaridad!”

Entre toda la información local, nacional e internacional que inunda a cualquiera con solo prestar atención a alguno de los medios de comunicación encontré una que provocó ecos en varios compartimentos de mi memoria.

El sitio de la BBC Mundo publicaba una nota firmada por Anahí Aradas cuyo título expresaba: “De Tanzania a la maratón de Londres”. Algunos párrafos informaban: “…Como cada año, este evento da lugar a un sinfín de curiosos fenómenos, desde gente que se casa (o se divorcia) en plena carrera, hasta ancianos de 101 años que no dudan en participar.

Sin embargo, lo que este año más de un participante no se esperaba es tener que competir con seis guerreros masai entonando sus cantos recién llegados de un remoto pueblo de Tanzania.

‘Cuando les dijimos que aquí la gente podía conseguir dinero corriendo se quedaron alucinados y nos pidieron por favor les trajéramos aquí, para recaudar el dinero necesario para abastecer con agua potable a su pueblo’, dijo Paul Martin, director ejecutivo de la ONG Greenforce, que hizo posible la participación del grupo.

…para estos guerreros capaces de matar leones sin más armas que sus lanzas enfrentarse a una urbe como Londres no parece presentar mayor problema.

‘Queremos dinero para ayudar a nuestro pueblo’, añadió Isaya, ‘porque no hemos tenido agua en ocho meses’.

El grupo espera reunir unos u$s 118.000 después de la carrera, que permitirán perforar los pozos que abastecerán de agua al poblado.”

Algunos ya habrán saltado de sus sillas/ sillones (o cualquier otro espacio que estén ocupando mientras leen esta crónica) diciendo: “¡Para qué referirse a Tanzania cuando en nuestro país tenemos gente que aún no tiene agua potable!”.

El porqué es simple: la nota es solo un disparador, un interruptor que enciende el desorganizado motor de la memoria.

Temas importantes como la falta de agua potable, no en tanto “futuro” problema ecológico mundial sino en calidad de necesidad básica insatisfecha, fueron tratados por una increíblemente numerosa cantidad de funcionarios a lo largo de décadas. Lo recuerdo bien, ustedes también. Pero en la mayoría de los casos tanto los funcionarios de turno como el público en general convergimos en la grandilocuente y oportuna frase: ¡Qué barbaridad!

Entre ruidos de “ejes no engrasados” y tuercas oxidadas, la memoria sigue esforzando su motor y recuerda: Susanita le proponía a Mafalda (ambas personajes infantiles de Quino, lúcido historietista argentino) que, ante los problemas de pobreza y desamparo que aparecían mencionados en los medios, dijera: ¡Qué barbaridad!, para poder seguir jugando sin cargo de conciencia.

¡Qué porquería la memoria cuando se junta con la conciencia!

Juntas, memoria y conciencia, no dejan muchos caminos a elegir: o se toma parte en el problema (colaborando con la solución, alertando, avisando, denunciando si es preciso) o volvemos a la frase de Susanita y con nuestra mejor cara de preocupación o dolor decimos ¡Qué barbaridad!, y absueltos de culpa y cargo seguimos con nuestras vidas.

La elección es nuestra.

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