Crónicas en domingo. ¿Por qué crónicas y no editoriales o notas de opinión?

Por Silvia Guillot

Hace un tiempo había planificado escribir una serie de crónicas a partir de 2008. Estas crónicas tendrían una mezcla de ficción y realidad, tratarían sobre temas que fueran punto de partida para situaciones divertidas, de burla o de reflexión.

¿Por qué crónicas y no editoriales o notas de opinión?

Porque la crónica se basa en la narración de los hechos, y los hechos humanos (demasiadas veces) se asemejan a historias, repetidas hasta el cansancio, de acciones no convenientes para el hombre como especie.

Porque la crónica permite el juego literario: muchísimos escritores, Arlt de Argentina y Perlonguer de Chile entre otros, usaron este formato de origen informativo como punto de partida de memorables producciones literarias.

Porque la literatura, según mi forma de ver las cosas, es más que publicar libros, dar charlas y ganar premios. La literatura es y ha sido inspiración, opinión, educación, catarsis, pasión, necesidad, posibilidad, pero por sobre todo lo anterior, una gratísima y trabajosa forma de creación artística.

Vuelvo al primer párrafo. Sin grandes pretensiones, buscaba comenzar el próximo año desarrollando una veta entre artística y periodística, que me permitiera jugar y opinar. Pero los tiempos que corren son violentos y los hechos violentos que ya no asombran siguen doliendo como si fueran propios, porque todos estamos de alguna manera relacionados, mal que les pese a muchos, por el solo hecho de ser hombres y mujeres, machos y hembras de la especie humana. Uno de esos hechos violentos hizo que la fecha de inicio de publicación de estas crónicas se adelantara: Tras un atentado muere Benazir Bhutto, candidata opositora para las próximas elecciones legislativas en Pakistán.

La crónica del asesinato dice: Benazir Bhutto era para algunos una figura desconocida, pero para muchos en Medio Oriente (Oriente Próximo, para los españoles), un paradigma. Era hija de Zulfiqar Ali Bhutto, primer jefe de gobierno electo de Pakistán, que fue derribado por las Fuerzas Armadas de su país en 1977 siendo luego colgado. Benazir Bhutto, que también tuvo que sufrir el asesinato de su hermano, fue la primera mujer que dirigió un país musulmán. La candidata había vuelto a Pakistán luego de seis años de exilio. El ataque que le provocó la muerte se produjo en Rawalpindi, cerca de Islamabad, pocos días antes de las elecciones legislativas previstas para el 8 de enero de 2008. En ese mismo atentado murieron más de una decena de personas y fueron heridas más de cincuenta. Crisis política y tres días de duelo son el corolario de esta crónica.

Los posibles culpables ya son señalados, algunas agencias internacionales de noticias apuntan hacia Al Qaeda. Pero el verdadero culpable siempre queda en las sombras, acechando, esperando algún retoño de cambio, dispuesto a hacerlo desaparecer si no se acopla a sus proyectos: el poder político-económico.

Como ven, ficción y realidad van juntas, mezcladas, inseparables a veces. Se pueden apreciar en las caretas de algunos líderes internacionales que salen ahora a lamentar el atentado.

Hasta la próxima crónica.

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