Crónicas en domingo. El nene que fuimos

Por Silvia Guillot

A lo largo de nuestras vidas, al tiempo que crecemos, el nene que fuimos se va diluyendo. En algunos se retrae y, estático, espera el momento en que se le dé permiso para tomar un poco de aire, soltarse y salir a jugar. En el mejor de los casos nos sigue paso a paso haciéndonos ver con ojos de chico, esos que nunca dejan de asombrarse, que lo que vale la pena no tiene valor material.

Mucho se ha escrito sobre la infancia, menos es lo que se ha hecho.

Dueños morales de todos los derechos, los niños son las principales víctimas de hambrunas, descuidos y guerras.

Dueños de la verdad, los niños son obligados a vivir en sociedades hipócritas donde el doble discurso es moneda común.

Dueños de la libertad, se ven encorsetados en moldes que perpetúan el odio y el rencor.

Dueños de la imaginación, están limitados por dibujitos histéricos y animados reiterados hasta el cansancio o destinados a la carencia de toda estimulación derivada de la falta de tiempo o de medios económicos básicos.

Dueños del futuro, van a recibirlo hipotecado y contaminado.

Paradójico.

En nombre del niño que fuimos y del que llevamos dentro, libre o maniatado, juguemos a que no todo está perdido, a que podemos vivir en un ambiente limpio de odios y desperdicios. Juguemos a que somos grandes, pero no por ser adultos sino porque aspiramos a la grandeza.

No se preocupen, somos muchos los soñadores que cantaba Lennon. Es muy probable que terminemos por cambiar las cosas con la ayuda de los ojos curiosos y asombrados de nuestro niño interior.

Compartir noticia