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Queda suspenso en el derbi madrileño en Europa. La final de cuartos queda para el Bernabéu, tras un duelo inicial con caras y cruces para los dos.

De entrada, la noche de Oblak, el único cierre para un Madrid superior, decidido y autoritario, avasallador en campo contrario con un rival desteñido.

Luego, el Atlético de Mandzukic, en el papel de Diego Costa, capaz de desquiciar a su adversario y empinar a su equipo, tan contagiado por el pulso del croata, de zafarrancho en zafarrancho con todos, que terminó en alza, con golpes de pecho.

De un Madrid absorbente a un Atlético auténtico. Todos felices, nadie llega descarrilado a la vuelta, aunque el cero a cero suele consolar mejor al visitante del segundo capítulo. Pero entre estos dos equipos nada es una certeza. Nada es lo que parece. Ocurrió en el primer episodio, que arrancó con un guion inopinado.

Socarrón este Ancelotti, en el primer tramo el Madrid le desmintió desde el primer segundo. Si el empate le valía, no lo pareció. En los tiempos del Espartaco Simeone, no ha habido mejor respuesta de los blancos en el Calderón, lanzados a por el partido sin miramientos, a la carga de Oblak, de largo el mejor de los locales. Esta vez, el Atlético no era ese equipo que anuda al rival, que le atosiga por toda la pradera.

El cepo de verdad lo puso el Madrid, colonizador de la pelota, aventurado al frente como desde hace tiempo no se le conocía en el Manzanares. No lo esperaban los colchoneros, que se quedaron tiesos como nunca, a merced de un centinela de aúpa como Varane, sometidos por el pincel de un estupendo Kroos, a la vera del ubicuo James, al compás de la infinita partitura de Modric, al dictado de Benzema…

Con el Madrid solo podía Oblak, con tenazas en las manos en un cara a cara con Bale, en otro disparo lejano del galés, en una rosca con el empeine exterior de James. Pim, pam, pum… Y Oblak y más Oblak, el héroe inesperado.

Sostenido por su portero, en el Atlético no había pisadas de Arda y Koke, lo que le dejaba descamisado cuando tiraba serpentinas si apañaba alguna pelota. Tampoco enganchaban Griezmann y Mandzukic, más proclives a amurallar al rival que a la vanguardia, y casi siempre a muchas cuadras de Casillas, lo que propiciaba la presión alta de los madridistas. No era el Atlético machote, con Gabi y Mario Suárez fuera de pista, subyugados por el ritmo de Kroos, Modric y James. A partir de ese tridente, el Madrid puso la pelota en marcha, con pocos toques, sin conducciones innecesarias. A falta de otro recluta para la circulación, ahí estaba Benzema, al que no le pueden las prisas.

Por una vez, el centro del campo era blanco, por fin el Madrid se lo tomó como un centro de operaciones. No le llegaba el garfio al Atlético, con los laterales reculados, y con Arda y Koke más tiempo de la cuenta en la misma orilla. Si, por casualidad, alguien se citaba con Mandzukic allá en el horizonte, el croata, sin turbo, quedaba retratado en carrera por cualquier zaguero visitante. En seco, el ariete solo encadenaba faltas en contra, hasta cinco antes de los diez minutos. No encontraba amparo el cuadro de Simeone, salvo en algunos córneres, porque no era ese equipo macizo tan reconocible. Al Madrid le faltaba Cristiano, el más ausente, mientras Bale se daba al tajo.

A salvo con Oblak, el Atlético resopló con el descanso. De vuelta, primero consiguió que el partido tuviera más curvas. Mantuvo el apetito el Madrid, pero su adversario ya tuvo otro diente, con Mandzukic guerrero, de púgil con Ramos, Carvajal y el que se interpusiera. Sangre y sudor, codazo va, codazo viene. Poco a poco, los locales rebajaron el ritmo de su rival, por lo que brindó Arda, más agitador en este tramo, una bendición para los rojiblancos.

Asalto a asalto, el grupo de Simeone neutralizó a su oponente, rebajado finalmente por los cambios. Los técnicos operaron en dirección contraria. Ancelotti se encomendó al 4-4-2, sin Benzema y con Isco. Y como otra señal, Arbeloa por Carvajal, más pico y pala. Enfrente, el técnico argentino tocó la corneta del juego directo, primero con Raúl García y luego con Torres. Y, como escolta, aún batallaba Mandzukic, el Cid del Manzanares.

Llegó el momento del Atlético, que ya no requería de Oblak. Los focos estaban cerca de Casillas, en cuyo perímetro terminaron los rojiblancos con una reacción de machotes. El Atlético se despidió como el genuino Atlético, enérgico, fervoroso, con su columna de medios conquistando el centro del campo, con su ataque en batallón. Empate a todo, un tiempo para cada uno y sin tregua rumbo a Chamartín sin Suárez y Marcelo, sancionados. Todos a una, todos contentos.

Atlético: 0- Real: 0

Atlético: Oblak; Juanfran, Miranda, Godín y Siqueira; Suárez, Gabi, Koke (Torres, m. 83), Arda y Griezmann (Raúl García, m. 77); y Mandzukic.No utilizados: Moyá, Giménez, Tiago, Saúl y Gámez.

Real Madrid: Casillas; Carvajal (Arbeloa, m. 85), Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Modric, Kroos, James; Bale, Benzema (Isco, m. 76) y Cristiano. No utilizados: Keylor Navas, Illarra, Pepe, Khedira y Jesé.

Árbitro: Milorad Mazic (Serbia). Amonestó a Mandzukic, Ramos, Raúl García, Mario Suárez y Marcelo. Marcelo y Mario Suárez se pierden la vuelta por sanción.

Unos 52.500 espectadores en el Vicente Calderón.

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