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Por Elio Brailovsky

“Proyectos de Educación Ambiental: La Utopía en la Escuela”, editado por Novedades Educativas (Noveduc).

El objeto de este libro es entrenar a los docentes en la reflexión sobre los conflictos ambientales. La metodología elegida ha sido una selección de estudios de caso, elegidos porque muestran situaciones diferentes entre sí, que requieren abordajes conceptuales diversos. En otras palabras, que la heterogeneidad temática y de aproximación metodológica es una de las características de este libro.

Tenemos una primera sección de tipo epistemológica, en la que planteamos algunos de los problemas vinculados con el carácter transversal del tema ambiental y la imposibilidad de adscribirlo a ninguna de las disciplinas científicas preexistentes. Pero corremos el riesgo de que la transdisciplinariedad se nos convierta en un caos de datos sin orden alguno. Necesitamos un hilo conductor para articular información proveniente de fuentes muy distintas y sugiero emplear para eso la historia  ecológica o historia ambiental.

En la segunda sección doy algunos criterios para el tratamiento de los desastres ambientales. Para pensarlo, tomamos el ejemplo del cambio climático y sus repercusiones sobre la Argentina. Para señalar la relevancia del tema, recordamos lo ocurrido en Nueva Orleans con el huracán Katrina.

La tercera sección habla de los problemas de gestión ambiental. Para eso discutimos un estudio de caso: la gestión de residuos urbanos.

En la cuarta sección contamos algunas experiencias realizadas en niveles educativos distintos.

Y la quinta y última sección hace un recorrido por las utopías ambientales, tratando de ver qué podemos aprender del diseño de mundos ambientalmente ideales.

En cuanto al vocabulario profesional utilizado, recordemos que se trata de un texto transdisciplinario. De seguirse los usos y costumbres del ámbito académico, debería estar escrito utilizando el lenguaje profesional de todas las disciplinas involucradas, lo cual lo convertiría en un objeto indescifrable. Por ese motivo, he utilizado un lenguaje de divulgación. Esto no significa que se trate de un libro periodístico. Se trata de un texto de uso docente, que utiliza un lenguaje similar al del periodismo.

Una clase en la Universidad de Bolonia hace varios siglos

Señala Enrique Leff (de quien tanto hemos aprendido quienes trabajamos estos temas) que hacemos docencia en una sociedad que desvaloriza el conocimiento.

Recordemos que el tema central de las ciencias sociales es el conflicto social. Por qué ocurren los conflictos, cuáles son los actores sociales involucrados, de qué modo pueden resolverse y qué consecuencias tienen en el corto, mediano y largo plazo, son algunas de las preguntas que intentan responder las ciencias sociales. Por este motivo, y sobre todas las cosas, la educación ambiental es una forma de reflexionar sobre nuestra sociedad y los conflictos ambientales y sociales contemporáneos.

En otras palabras, que vamos a hablar de política ambiental y eso requiere hablar de política. La relación de una sociedad con su ambiente depende del modelo de país que tengamos y de variables tales como el grado de desarrollo económico y social, la forma de distribución de la riqueza, las estructuras de poder o las pautas culturales.

Hablar de política es hablar de los límites de lo posible en cada situación concreta, los que generalmente no coinciden con lo deseable. Y es discutir también las prioridades, que deben apuntar siempre a la situación de los seres humanos, especialmente aquellos más vulnerables. Una proporción muy alta de los programas de televisión sobre temas vinculados con el ambiente está basada en describir la situación de algunas especies de fauna visualmente atractivas. Esto garantiza mayor audiencia que presentar seres humanos en situación crítica. Pero tenemos que recordar siempre que los medios de comunicación son sólo una herramienta de apoyo y que sus concepciones no siempre coinciden con las del sistema educativo.

Esto implica una actitud ética. Las ciencias ambientales tienen que tener en cuenta todo el tiempo que las conductas ambientales pueden afectar profundamente la vida de las personas.

¿Qué nos pasó con la educación ambiental? ¿Por qué todavía la educación ambiental parece algo nuevo y con dificultades de inserción en el sistema educativo formal?

Si tomamos como punto de partida la reunión de Naciones Unidas sobre Ambiente Humano, efectuada en Estocolmo en 1972, contamos 40 años de instalación del tema ambiental en los sistemas políticos y académicos. Se hicieron miles de reuniones nacionales e internacionales y la cantidad de bibliografía sobre educación ambiental es sencillamente impresionante. Sin embargo, para la educación todavía parece algo nuevo. ¿Por qué no pudimos incorporarlo plenamente?

¿Por qué entonces, esta lentitud de respuestas por parte del sistema educativo? ¿Cuáles han sido los obstáculos para tratar este tema en los programas, en los libros de texto, en las aulas?

Hemos incorporado con éxito temas que alguna vez nos parecían muy difíciles, como la educación sexual o los derechos humanos. ¿Qué está sucediendo con éste?

Esta cuestión merece, tal vez, seminarios y debates entre los docentes, y una confrontación de puntos de vista, pero podemos ir adelantando el nuestro. Por una parte, y de un modo genérico, creo que nuestro sistema educativo se ve en dificultades cuando se trata de reflexionar sobre la vida cotidiana. Nos resulta más cómoda una banalización de la vida cotidiana que una reflexión sobre ella.

Hay también una cuestión específica. La educación ambiental, cuando toma situaciones críticas y cuando se hace con una absoluta honestidad intelectual, obliga a revisar algunos de los paradigmas implícitos de nuestro (y de cualquier otro) sistema educativo.

Educamos para integrar a los niños y jóvenes a una organización social anterior a ellos y cuyas grandes líneas de progreso les mostramos y les vamos enseñando a reconocer. Expresamos nuestra admiración por el coraje de los navegantes del Renacimiento, que se lanzaron a ciegas a descubrir el mundo. Seguimos paso a paso el modo en que Galileo se desprendió de la autoridad de Aristóteles para poder razonar por sí mismo y descubrir las leyes del comportamiento del universo que hoy llamamos mecánica clásica. Enseñamos a admirar a José de San Martín, que nos dejó un país mucho mejor que el que él encontró.

Pero cuando miramos la situación ambiental, esa actitud de optimismo se empieza a encoger. Nuestra generación les está dejando a los jóvenes un mundo de una calidad ambiental peor que la que nosotros recibimos. Y la generación anterior a la nuestra hizo lo mismo con nosotros. Ha habido una infinita cadena de negligencias, en las que participaron (a menudo por omisión, pero participaron) muchos de los grandes hombres de nuestra Patria, algunos de cuyos nombres perpetuamos en las calles o en el bronce.

De “Proyectos de Educación Ambiental: la utopía en la escuela”

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