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La Argentina será, desde hoy, el primer país de América latina en tener una ley que regula el contenido de grasas trans en los alimentos. Casi todos los productos de supermercados ya la cumplen, pero muchos de los pequeños productores todavía no lo hicieron.

A partir de hoy, la Argentina se convertirá en el primer país de América latina en poner en vigencia una ley que regula el contenido de grasas trans en los productos alimenticios.

Estas sustancias eran ampliamente utilizadas por la industria hasta hace algunos años, cuando se corroboró que su uso incrementa el riesgo de infartos y otras enfermedades cardiovasculares.

En 2008, todos los países de América acordaron limitar su uso, y Argentina, luego de haber otorgado un plazo para la adecuación de la industria, es el primero en llevar la norma a la práctica.

La mayoría de los productos que se vende en supermercados ya se adecuaron, pero otros todavía no, especialmente alfajores, barras de cereales, baños de repostería y panes envasados. Y quedan por fiscalizar las panaderías y confiterías artesanales.

Una representante de la Fundación Interamericana del Corazón –que monitorea el cumplimiento de la norma– advirtió que “diversas segundas marcas, consumidas por la gente de menor nivel económico, todavía no se han adecuado”.

El 3 de diciembre de 2010 se dispuso una modificación del Código Alimentario por la cual “el contenido de ácidos grasos trans de producción industrial en los alimentos no debe ser mayor al 2 por ciento del total de grasas en aceites vegetales y margarinas y no puede superar el 5 por ciento en el resto de los alimentos”. La norma otorgaba un tiempo de adecuación de cuatro años, que se cumplirá mañana.

La Argentina es el primer país de las Américas en incorporar esta normativa, que fue recomendada en 2008 por la Declaración de Río de Janeiro “América Libre de Grasas Trans”.

Jaime Lazovsky, viceministro de Salud de la Nación, afirmó que “gran parte de la industria ya efectuó la reconversión. Queda por reforzar el cumplimiento en productos de repostería, confitería y artesanales”.

Efectivamente, según el monitoreo efectuado por el Instituto Nacional de Alimentos (INAL), el 68 por ciento de las marcas de baño de repostería todavía no cumple con la normativa, así como el 54 por ciento de los productos de panadería envasados y el 29 por ciento de los alfajores y las barras de cereal.

En el caso de las galletitas, el 22 por ciento todavía no cumple. Mejor es el desempeño de las tapas de empanadas y tartas, ya que sólo el 8 por ciento no cumple con la limitación. Además “queda por reforzar el trabajo con las panaderías, que están mucho más dispersas que las empresas que proveen alimentos envasados”, señaló el funcionario.

En definitiva, destacó Lazovsky, “más del 75 por ciento de los productos se redujo a los valores requeridos antes de que la norma entrara en vigencia”, en el marco de un trabajo que incluyó a las cámaras empresarias, el Conicet y el Instituto de Tecnología Industrial (INTI).

Durante algunos meses podrá haber en los comercios productos elaborados previamente: “Calculamos que a partir de abril sólo habrá en las góndolas productos adecuados a la regulación”, anticipó el viceministro.

Sebastián Laspiur, director de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles, precisó que “el cumplimiento de esta normativa permitirá salvar 1500 vidas cada año, a través de la prevención de unos 2800 infartos y unos 5373 eventos coronarios graves. Esto implicará un ahorro directo de 87 millones de dólares anuales por la atención de enfermedades coronarias”.

Verónica Schoj, representante de FIC Argentina (Fundación Interamericana del Corazón), consideró “importantísimo que la Argentina sea el primer país de América latina en cumplir con la Declaración de Río de Janeiro. Ahora hay que garantizar que la implementación de la norma sea completa”.

FIC Argentina –integrante del Global Food Monitoring Group, que utiliza instrumentos de medición estandarizados para examinar distintos alimentos– advirtió que “el cumplimiento es menor en las pymes, que dicen no tener la tecnología necesaria; estas empresas elaboran los productos de segunda línea, consumidos por los sectores de más bajo nivel económico; es importante que también estos productos se adecuen a la norma, para garantizar la protección de la salud a toda la población”.

Las grasas trans, que suelen figurar como “aceite vegetal hidrogenado”, se empezaron a utilizar en la industria desde hace unos 50 años, para aumentar la consistencia, el aspecto y la duración de muchos alimentos.

Hace 25 años se empezó a advertir que aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular, ya que alteran el perfil del colesterol, aumentando el colesterol “malo” y disminuyendo el “bueno”. Schoj advirtió que, “a principios de la pasada década, el promedio de consumo de grasas trans se acercaba a 5 gramos por día y por persona, lo cual implica un 25 por ciento de aumento de riesgo cardiovascular.

Desde entonces, la industria empezó a autorregularse. A la Argentina le resultó más fácil que a otros países porque cuenta con una producción importante de aceite de girasol que, en su forma ‘alto oleico’, reemplaza al aceite hidrogenado sin efectos perjudiciales”.

“Ahora –concluyó Schoj– lo importante es fiscalizar que la norma se cumpla efectivamente, y para eso es importante la concientización de la población. Se ha constatado que la población en general desconoce el efecto de las grasas trans, y es importante que lo sepa para que haga cumplir la norma, controlando el etiquetado de los productos que compra.”

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