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El grupo de Gestión de Políticas de Estado en Ciencia y Tecnología hace pública la deficiente producción de medicamentos, independientemente de la situación económica actual ya que es recurrente el comportamiento en la materia. Asegura el Grupo de Gestión que la producción pública de medicamentos y productos médicos – hoy con ley ad hoc y reglamentación incluida- no se implementó como hubiera correspondido.

Dos años atrás, alrededor de 20 empresas de la corporación farmacéutica argentina recibieron préstamos del Fondo del Bicentenario por 1.024 millones de pesos a una tasa del 9,9% anual. Todo eso para revertir el creciente déficit comercial del sector que en 2011 fue de 1.300 millones de dólares, y en 2012 de 1.500 millones (datos ofrecidos por la ministra Débora Giorgi).

Pero, según afirmaron funcionarios del ministerio de Industria hoy estaríamos en un déficit comercial anual de 1.700 millones de dólares. Cifras impactantes que ayudaron a generar la restricción externa que, junto a las automotrices (80% materiales importados), las electrónicas de Tierra del Fuego (ensambladoras, prácticamente todo importado) y las importaciones de energía menguaron la disponibilidad de dólares de las arcas públicas para importaciones necesarias en otros rubros. Un tema recurrente en la economía de nuestro país ya definido en los ´70 por Marcelo Diamand –  http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-235668-2013-12-14.html.

Sin embargo, la producción pública de medicamentos y productos médicos -hoy con ley ad hoc y reglamentación incluida- no se implementó como hubiera correspondido.

En un hoy lejano setiembre de 2007, la ex Secretaría de CyT (gestión Tulio del Bono) generó la Red Nacional de Laboratorios de PPM (RELAP) en un acuerdo en el cual intervinieron 25 laboratorios públicos y en donde el INTI (gestión Enrique Martínez) iba a actuar no sólo como soporte técnico de los laboratorios, sino haciendo desarrollos en el área vía vinculación con otros organismos de CyT y las universidades nacionales, con la finalidad de actuar en toda la cadena de valor, y no sólo en algunos pasos. Esto es, desde la síntesis de principios activos hasta el medicamento. Un proyecto que de haberse implementado hubiera tenido efectos sistémicos expansivos que hubieran empezado a resolver no sólo problemas en el área de la biomedicina, sino problemas estructurales del sector CyT como la fragmentación institucional o la generación genuina de trabajo para profesionales calificados. Además, se hubiera moderado la restricción externa.

Ese proyecto de la RELAP empezó a implementarse en el 2008 (Resol. 286/08 del Ministerio de Salud – gestión Ocaña). Pero duró poco porque cuando Manzur quedó al frente del Ministerio (junio 2009) se desactivó todo y nunca más supimos nada. No sólo porque no hizo nada, sino porque desactivó lo que se venía haciendo; un aspecto que nunca explicó y debería ser analizado por las máximas autoridades del país, porque va a contramano de las políticas implementadas por el Gobierno en el sector CyT.

Los tiempos se acortaron y ahora veremos que nos deparará el futuro. Pero las consecuencias ya se notan en el área de las ciencias biomédicas, donde profesionales doctorados en el área tienen pocas posibilidades laborales y, eventualmente, emigrarán.

Por otra parte, hace unos años en el ámbito de las ciencias médicas se ha puesto de moda -a nivel mundial- el tema de la Medicina Translacional (del inglés Translational Medicine) que se refiere al proceso de aplicar o transferir el conocimiento de la ciencia básica a la resolución de problemas médicos cotidianos. En síntesis, habitualmente se dice que la Medicina Transnacional propone actuar desde el laboratorio y llegar a la cama del paciente, en donde predominan los proyectos focalizados con utilización de tecnologías modernas y sofisticadas,

Más allá de que desconocemos los resultados, o la eficacia, de la Medicina Traslacional, la misma está inscripta en un marco de modernidad, Pero, más allá de ello, no deberíamos perder de vista que la BCG, una vacuna del calendario de nacional que se produce hace como 50 años en el Instituto Biológico de La Plata y es de referencia para América Latina y el Caribe -certificación de la Organización Mundial de la Salud-, se sigue importando. Además, esa misma vacuna es producida por el Instituto Malbrán.

En síntesis, y vaya uno a saber por qué, pero nuestra humilde BCG no llega a la cama del paciente.

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