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MALVINAS: El 2 de abril en la Televisión Pública. La contradicción entre Canal 7 y Encuentro

Publicado en Nacionales, Opinión. Etiquetado con . Por ahorainfo.com.ar 9 abril 2012

Por Federico Bernal

Que los crímenes de lesa humanidad que se sospecha ocurrieron en Malvinas sean investigados, así como juzgados y castigados sus responsables, constituye un hecho tan irrenunciable e imprescriptible como los mismos reclamos argentinos de soberanía.

La verdad debe revelarse; la memoria y la justicia deben imperar y ejecutarse con igual rigurosidad de lo que se vienen aplicando para los genocidas y torturadores en el continente. Pero mientras la defensa de los Derechos Humanos goza de excelente salud y se consolida, la verdadera historia del conflicto del Atlántico Sur entre marzo y junio de 1982 es, cuando menos, descuidada a extremos inconcebibles. Coincidiendo con el 30º aniversario del 2 de abril, el canal público dedicó su franja horaria más importante al documental Malvinas a 30 años. Los debates necesarios.

A modo de introducción histórica del conflicto, comienza señalando: “Islas Georgias del Sur. 19 de marzo de 1982. A 1300 kilómetros al sudeste de las Islas Malvinas. El izamiento de la bandera argentina en ese territorio desencadena un episodio diplomático que es el antecedente inmediato de las hostilidades entre la Argentina y Gran Bretaña. […] La Cancillería británica ordenó el envió del navío del HMS Endurance para obligar a los operarios a arriar la bandera.

” Esta crónica sobre la cuestión específica del conflicto armado, la única del documental entre las 20 y las 21 hs es simplemente incomprensible. Siquiera los servicios de inteligencia británicos en el Informe Franks (que revisaron y escribieron la historia del conflicto entre 1965 y el 2 de abril de 1982 a pedido de Margaret Thatcher) llegaron a culpar a la Argentina del inicio del incidente de las Georgias. Todo lo contrario, la eximen de responsabilidades.

En igual sentido, tampoco la historia oficial de la guerra escrita por el profesor Lawrence Freedman a pedido del Foreign Office alcanza semejante nivel de tergiversación. Como hemos visto en los fascículos anteriores de este suplemento, el incidente de las Georgias fue orquestado por la Royal Navy, la Falkland Islands Company y sus parlamentarios lobbistas en la Casa de los Comunes.

Del mismo incidente surge descontrolada y a fines de marzo la escalada belicista que desemboca en el conflicto armado. Que el Canal Público atribuya a la Argentina la responsabilidad del inicio de las hostilidades, sin siquiera mencionar que el Endurance era un buque de guerra repleto de marines, entre otras graves omisiones, es difícil de digerir.

Del resto del documental nada puede reprocharse, aunque no por ello deje de resultar curioso que la historia del conflicto termine limitándose al rol y a la suerte del genocida Astiz durante y después de la guerra.  Cabe destacar por último, la sesgada elección de testimonios de ex combatientes en Malvinas, enseñándolos como pobres víctimas en imágenes de las más desgarradoras que pudieran existir.

Acostumbrados como estamos a las películas protagonizadas por los profesionales, piolas y corajudos comandos estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, Irak, Vietnam, etc., el sólo hecho de escuchar hablar en castellano a quienes lucharon en Malvinas en defensa de la patria, tal vez resulte para muchos chocante. La colonización cultural, impresa a fuego desde la pequeña y gran pantalla, lleva el contraste a extremos ridículos cuando se advierte a los “pibes” casi imposibilitados de hablar por el tremendo frío austral. ¿Qué sentirían esos mismos soldados al verse esas imágenes? Vergüenza, como mínimo.

En fin, el documental preparó una introducción histórica acomodada para lo que siguió, que como dijimos al comienzo, resulta fundamental investigar. ¿Se podría haber hecho exactamente lo mismo pero divulgando la historia del conflicto de forma objetiva y responsable?

Respondamos con otro ejemplo televisivo, también proveniente del Estado aunque en las antípodas del aludido abordaje histórico encarado por el canal público. Casi dos horas más tarde de concluido el documental Malvinas a 30 años. Los debates necesarios, el Canal Encuentro emitía con la película Hundan al Belgrano de Federico Urioste, un enfoque que, analizando en profundidad los errores militares y políticos de la Junta antes y durante el conflicto, ligando la derrota de la guerra a la naturaleza genocida, anti-nacional, anti-popular y pro-imperialista de aquellas FF AA, formulaba un auténtico repaso histórico del incidente de las Georgias y de lo acontecido con posterioridad hasta junio de 1982.

En definitiva, no de otra cosa se trató la histórica decisión de la presidenta de la Nación de desclasificar el Informe Rattenbach. Memoria, verdad, justicia y… soberanía, que no pueden ni deben divorciarse entre sí.

La parte sustancial del documental de Encuentro, partió de una correcta interpretación del incidente de las Georgias y de la escalada belicista que desembocó en el 2 de abril como acto de legítima defensa, en la voz de la especialista Virginia Gamba –colaboradora de este suplemento–.

Lástima la hora: 23:45. Ya entrado el 3 de abril, todo aquel que tuviera la suerte de seguir despierto escucharía la siguiente interpretación de las manifestaciones populares del 2 de abril: “Del otro lado del mar un pueblo postergado por siglos de sujeción a intereses coloniales descifra la guerra de otro modo.

Ha transmitido a sus hijos de generación en generación la voluntad de recuperar la tierra que le pertenece por legítimo derecho. Sabe muy bien que la flota en viaje no viene a liberarlos del terrorismo de Estado sino a defender los intereses de una potencia imperial.

Cuando Haig llega a la Argentina, lo espera una manifestación de más de 100 mil personas que acusan a Londres de piratería y cantan: ‘Malvinas sí, Proceso no’ [se muestra la imagen de la pancarta con esta leyenda]”. Minutos más tarde, la película muestra el notable testimonio de uno de los principales opositores parlamentarios de Thatcher, explicando el origen de la avanzada colonialista: “La amenaza no fue del Crucero General Belgrano, sino la propuesta de paz [de Belaúnde Terry]. Porque esto último hubiera privado a la Sra. Thatcher de una victoria militar de la guerra de Malvinas, que era justamente de lo que todo se trataba.

Fue una cuestión de política doméstica británica más que de la protección de los habitantes de las Falklandas” (Tam Dalyllel. Ex diputado laborista). La explicación del inicio de las hostilidades bélicas, proveniente de una inobjetable fuente finalmente llegó al espectador argentino, aunque por desgracia el 3 de abril a las 0:21hs. El documental dedica una parte medular a la guerra misma, para cerrar en la derrota de junio con el análisis que sigue: “En Buenos Aires estalla la protesta y una vez más, el reclamo legítimo del pueblo es aplastado por una salvaje represión. Días más tarde, la Junta Militar se desintegra. Y la nación vuelve a su exilio  político interno. A sus ministros de economía, serviles al capital foráneo.

A sus Fuerzas Armadas de represión interna. A la ficción de los dueños del poder que nunca quieren mezclarse con los parientes pobres de América Latina y del Tercer Mundo, discriminándose de ellos con la misma arrogancia del Imperio que los ha derrotado. En Londres, la Primer Ministro saborea la victoria.

Ha logrado salvar su gobierno y toda Inglaterra celebra ese triunfo que revive momentáneamente el viejo orgullo de pertenecer a una gran potencia Imperial.” Y acá lo más interesante y que, como lo anterior, en nada contradice la justa y obligada divulgación de las denuncias y testimonios a la violación de los derechos humanos en Malvinas: “Las razones del fracaso [argentino en la conflagración] no se agotan en explicaciones técnicas o en el argumento de una diferencia substancial en armas y equipos.

Al haber participado activamente en la vida política, reprimiendo a los actores populares y comprometiéndose en golpes de Estado y sórdidas luchas por el poder, a la hora de asumir la función para la que fueron creadas, las FFAA argentinas han acusado su poca experiencia de combate en una guerra clásica. Y el error fundamental de los Jefes derrotados es no haber comprendido a tiempo que las grandes gestas sólo tienen por protagonistas a los pueblos y a todos los que luchan por defender su causa.

” El reloj marcaba la 1:02. Minutos después y ya a modo de epílogo, se escucha: “Al concretarse el desembarco del 2 de abril, los argentinos celebraron ese paso como el primero de una reivindicación largamente anhelada. Pero las características de sus jefes militares enturbiaron la memoria de una causa justa y de aquellos que desde el anonimato de las trincheras defendieron el honor de su nación”. Hora: 1:18 del 3 de abril.

La cuestión Malvinas es tan compleja y tan sencilla a la vez, tan resuelta y paralelamente irresuelta como lo fue la aparente contradicción entre los documentales emitidos por los dos canales estatales, uno el 2 de abril y en horario clave; el otro el 3 de abril y a la peor hora. ¿Visiones encontradas? Para nada.

Necesariamente complementarias, porque así como no se puede separar la guerra de la dictadura, mucho menos se puede divorciar el Proceso genocida de la verdadera historia del conflicto del Atlántico Sur, de los justos y legítimos reclamos nacionales, del rol del pueblo argentino y latinoamericano en 1982.

Un documental emitido el mismísimo 2 de abril, que hubiera fusionado el enfoque de la memoria, la verdad y la justicia aplicada a Malvinas como el realizado por el canal público, con el trasfondo histórico y político encarado por la proyección de Encuentro no hubiera más que honrado y dignificado a los Héroes de Malvinas, a los centenares que se quitaron la vida en el continente, a los muchos soldados maltratados y torturados en las Islas que aún hoy aguardan justicia.

Pero por sobre todas las cosas, hubiera sido justo y objetivo con la verdad, con la memoria de los reclamos argentinos de soberanía, y con la búsqueda de justicia, al denunciar y divulgar las responsabilidades que la decadente potencia colonialista tuvo en la génesis de la guerra del ’82 y el sistemático saboteo a una salida pacífica y negociada.


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