Material enviado por el Lic. Jorge Mancuso
Se estima que la economía mundial volverá a crecer en el año 2010 y son optimistas los pronósticos climáticos para la producción agrícola pampeana. Este contexto es interpretado localmente como una señal de que está por llegar un poderoso “viento de cola” internacional y climático a favor de la producción local. Sin embargo, el diagnóstico debe ser complementado con el acelerado proceso de degradación institucional que sufre la Argentina. Sin instituciones, el país es como un barco sin velas ni rumbos y, por lo tanto, el “viento de cola” puede ayudar a evitar una crisis, pero no tiene posibilidades de promover un proceso de desarrollo y prosperidad.
Las especialistas internacionales señalan que el año 2010 será mucho más positivo que el 2009, desde la perspectiva del nivel de actividad, comercio mundial y empleo. Por ejemplo, en el anuario 2010 del semanario inglés The Economist, una de las publicaciones más leídas en el mundo de los negocios, se proyecta que la economía mundial crecerá el próximo año un 3,2% y el comercio mundial un 3,7%. Asia podría llegar a crecer 5,5%, África el 4%, América del Norte y América Latina un 2,4% y la zona del Euro un 0,6%. También son optimistas los pronósticos climáticos para la región pampeana, que anticipan alentadoras proyecciones para la producción y las exportaciones agrícolas. Esto podría traducirse en una mayor disponibilidad de divisas y de recursos fiscales.
Con estos elementos se señala la posibilidad de que la economía argentina salga del letargo. Aunque los factores de contextos son muy positivos es imprescindible evaluarlos junto con aspectos relativos a la organización interna de la economía. Uno muy importante es la situación fiscal. En este sentido, los datos oficiales señalan que en el acumulado hasta octubre se observa que:
- El resultado primario (es decir, sin considerar los intereses de deuda publica) el sector público nacional muestra un superávit de $9.400 millones.
- El resultado financiero (es decir, considerando como gasto los intereses de deuda pública), en cambio, es un déficit de -$6.500 millones.
- Para comparar, en los primeros 10 meses del 2008 el sector público nacional tuvo un resultado financiero positivo de $22.500 millones.
Los datos muestran un acelerado proceso de deterioro fiscal. Pasar desde un resultado financiero positivo en los primeros 10 meses del 2008 del orden de los $22.500 millones, a uno negativo de -$6.500 millones en el 2009 significa que el Estado nacional ha generado un desequilibrio entre ingresos y gastos del orden de los $29.000 millones. Esto equivale a 3 puntos del PBI. Cuando se consoliden los flujos financieros de las provincias y los municipios, el cuadro fiscal va a ser mucho peor.
Esta dinámica fiscal podría ser interpretada como parte de una estrategia tendiente a morigerar los efectos de la crisis. Es decir, un manejo del presupuesto público con orientación “anticíclica”. Este fue el caso, por ejemplo, de los países desarrollados (como EEUU, Inglaterra y Alemania), que han usado una enorme masa de fondos públicos para sostener acciones de salvatajes extraordinarios en bancos e industrias. La idea subyacente fue usar de manera temporaria fondos públicos a los fines de superar la recesión lo más rápidamente posible para retornar al crecimiento estable.
Pero el deterioro de las finanzas públicas en Argentina muestra una lógica diferente. El incremento en el déficit se da en un contexto de una presión tributaria inéditamente alta y crecimiento del gasto público que se produce por decisiones tomadas antes de la crisis, con muy poco sentido estratégico y de carácter permanente. Resulta muy sugerente que el propio Ministerio de Economía reconozca que los principales generadores del mayor gasto público actual son los aumentos de gasto producido por las moratorias previsionales, los subsidios al sector transporte, los incrementos en la masa salarial pública y la incorporación a la planta del Estado de los ex – empleados de las desaparecidas AFJP.
El deterioro fiscal es apenas un componente de un proceso mucho más profundo de degradación institucional. A esto se suma, por ejemplo, la sistemática destrucción del mercado de capitales, un mecanismo clave para canalizar ahorros a favor de la inversión productiva. Con la estatización del régimen de capitalización desapareció la principal fuente de financiamiento y con las intervenciones sobre la Comisión Nacional de Valores se esfumo cualquier posibilidad de generar fuentes alternativas. Con este estado de deterioro de las instituciones, no hay “viento de cola” que saque a la economía argentina del letargo. Por esto, más allá de que el INDEC mostrará en el 2010 indicadores positivos gracias a las manipulaciones, la posibilidad de que la Argentina comience a transitar un verdadero sendero del desarrollo económico y social se seguirá postergando.














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