SALUD: La tuberculosis en los niños y adolescentes debe ser erradicada

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Por Elena Luz González Bazán

Las últimas estadísticas sobre tuberculosis infantil fueron publicadas el 30 de mayo del corriente año, en la página Infancia Hoy.

En esta situación, los médicos especializados advierten sobre la cantidad de casos registrados de tuberculosis y la incidencia entre la niñez y adolescencia

Según las cifras para el 2006 hay 11.068 casos registrados, no quiere decir totales, porque como advertimos en los otros informes, sólo un 65 por ciento se reporta, otros conviven con la tuberculosis sin que sea registrado en los anales estadísticos y médicos.

De este total 2.127 (19,6%) correspondieron a menores de 20 años y de ellos: 1.093 procedían de la Capital y la Provincia de Buenos Aires.

En esta línea, en la Sección Tisiología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, en el 2007 se notificaron 155 casos de tuberculosis, la tercera parte eran niños mayores de 10 años.

El doctor Heather Zar sostuvo que: El compromiso sobre la salud infantil de la TBC ha sido poco reconocida. Probablemente en parte sea por la dificultad para confirmar su diagnóstico. Esta dificultad surge de la inespecificidad de los síntomas, la coexistencia con desnutrición, la dificultad en la obtención de muestras y la baja tasa de confirmación bacteriológica. En consecuencia el diagnóstico está relacionado con la definición de caso clínico, prueba de tuberculina y radiografía de tórax.

Las formas de detección de tuberculosis

Por su lado, el Comité Argentino de Tuberculosis, sostiene que: “el diagnóstico de certeza de tuberculosis implica la identificación del agente causal en muestras de directo y cultivo de secreciones orgánicas ó muestras de tejidos”.

Asimismo, en el ámbito nacional, el 60 por ciento de las muestras pulmonares se confirman por bacteriología, de las cuales casi un 80 por ciento, de dichas confirmaciones, se basan en la baciloscopía. “El diagnóstico de certeza en las formas extrapulmonares responde principalmente al rinde del cultivo, que aporta tres de cada cuatro diagnósticos de certeza, concluyen.

En el caso de los niños

“Los signos y síntomas clínicos de TBC pulmonar en niños generalmente son inespecíficos. A pesar de ello se han desarrollado varias reglas de predicción diagnóstica, pero todas carecen de precisión y especificidad, particularmente para pacientes con desnutrición o con infección por HIV”.

Y concluyen: “Una revisión sobre estas escalas de predicción mostró que solo 5 de 17 de estas reglas de predicción se han adaptado para pacientes con coinfección por HIV y sólo una fue especialmente desarrollada para estos pacientes”.

Igualmente, el doctor Domingo J. Palmero, médico de planta del Hospital Muñiz y columnista de la Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC), afirmó que la tuberculosis es una triste realidad argentina que debe erradicarse. Además agregó que los métodos que se emplean no permiten que haya una solución definitiva, ésta, debe enmarcarse en el tema médico y social.

En el año 2008, en el ámbito capitalino las cifras sobre los casos nuevos de tuberculosis resultan alarmantes. El Ministerio de Salud porteño realizó un relevamiento donde detectó que se sumaron 2.500 nuevos casos.

La tuberculosis está en las poblaciones más frágiles, en cuanto a su realidad social, educación y salud, afecta a los pobladores de las villas, los asentamientos, los lugares más precarios de la ciudad. Que en los últimos años han aumentado en cuanto a número de espacios geográficos y población.

Esto se da porque no tienen o carecen de los servicios básicos, los problemas de alimentación adecuada y la información adecuada y permanente de este tipo de enfermedades. Todo este cuadro va contra la eficacia del tratamiento y colabora con la retrasmisión del mal, o sea, la infección.

“Un enfermo sin tratamiento infectará entre 5 y 10 personas por año”, según un estudio elaborado por el Hospital Pedro de Elizalde.

En el diario La Nación del 22 de enero del corriente año, los periodistas, abajo referenciados, realizaron una serie de entrevistas, allí una vecina, María Rosa González, de Ciudad Oculta que tiene dos hijos, uno adicto recuperado y otro sin recuperar, aporta las experiencias que padece a diario: sus vivencias como madre y la adicción al paco. “Los chicos en los pasillos comparten las pipetas, duermen a la intemperie, no están bien alimentados por eso se contagian de tuberculosis y otras enfermedades. La mayoría de los chicos que se internan por problemas de drogas están con esta enfermedad”.

También agrega: “las doctoras de la salita del barrio están sorprendidas por el aumento de casos. “Acá a la vuelta murió una chica de tuberculosis; era madre de cinco pibes”, señala la referente social de la villa, conocida como una de las Madres del Paco”.

Jeremías que se ha recuperado comenta que por los pasillos de Ciudad Oculta. “Se ven muchos pibes vomitando sangre. No sé si es tuberculosis o qué. Pero muchos no están bien”, dice. Prefiere no dar más detalles.

La evidencia muestra que, en América Latina y otros países denominados en vías en desarrollo, la enfermedad en infantes es en promedio del 15 al 30 por ciento del total de los casos.

Una muestra en Argentina

La incidencia de tuberculosis (TBC) en menores de 5 años fue 24.3/ 100.000 habitantes en el año 2000, mientras que la tasa global era del 31.8/ 100.000.

El 17% de los casos fueron menores de 15 años: “lo que indica una activa transmisión de la infección, que se diagnostica generalmente ya con enfermedad avanzada, por la historia de foco, la reacción tuberculínica positiva, y los signos y síntomas clínico- radiológicos”, afirma la doctora Cristina Cerqueiro de la Sociedad Argentina de Pediatría.

Por otro lado, el documento del Comité Argentino de Tuberculosis sentencia que, en los menores no diagnosticados, la enfermedad se presenta más severa, ” pudiendo desarrollar TBC miliar (tuberculosis diseminada y extrapulmonar)”.

Las principales causas de la Tuberculosis Farmacorresistente (TBFR) son:

a) falta de tratamiento supervisado,

b) mala adhesión de los pacientes a la terapia,

c) tratamientos no estandarizados,

d) desabastecimiento de drogas o utilización de drogas de baja calidad,

e) manejo irregular de los pacientes por el sector privado,

f) ausencia de control de infecciones en los hospitales, prisiones y asilos

g) coinfección VIH/sida.

En la tuberculosis y más aún en pediatría, muchas veces la confirmación microbiológica no es posible. Este hecho dificulta el reconocimiento de la posible resistencia a drogas anti-tuberculosas, concluyen.

El 27 de marzo pasado, en General Villegas, provincia de Buenos Aires, murió un niño de cinco años, aparentemente de tuberculosis. La doctora Ambroggi afirmaba: “Realmente es una sensación de atraso infernal que se nos muera un chico de tuberculosis. Tal vez esto sirve para que la gente se de cuenta de que todavía existe, mata y sigue haciéndolo. Y todo por no hacer acciones baratas y fáciles que son las que indica el programa, que señala que todo poseedor de determinada cantidad de días debe ser llevado al médico, tomar una radiografía, y de ser necesario estudiar las secreciones pulmonares para ver si tiene el bacilo y hacer la reacción mantú”.

En el caso de los niños, sostuvo que “cuando es un chico el que muere de tuberculosis tenemos un agravante más para alarmarnos, porque se sabe que la vacuna BCG es mala, incompleta y no logramos que saquen una eficaz como se hizo con otras enfermedades infecciosas, como por ejemplo la polio, que se erradicó. Cuando la vacuna es dada al recién nacido lo previene de las formas más graves de tuberculosis, que son las que han causado la muerte de este chico”. La doctora oriunda de General Villegas está a cargo del laboratorio de diagnóstico de tuberculosis del Hospital Muñiz en la ciudad de Buenos Aires.

La tuberculosis es producto de las inexistentes políticas de Estado para erradicar la enfermedad. Entre 11 y 13 mil nuevos enfermos se registran en nuestro país. Son enfermos silenciosos, no tienen demasiada prensa. Anualmente mueren entre 850 y 900 personas. También niños, porque son los más vulnerables.

La pobreza se lleva nuestra niñez. Pero el enemigo frontal es la ausencia de una verdadera política sanitaria de salud a nivel nacional.

Por eso, mejor es recordar al médico sanitarista Ramón Carrillo y a otro sanitarista como Arturo Oñativia. Ellos tuvieron políticas de estado…

Fuentes: La Nación Verónica Dema y Gustavo Barco, Infancia Hoy, Diario Actualidad de General Villegas.

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